El primero fue con La ciudad y los perros. Siempre ha vagado por mi casa ese pequeño libro de hojas-biblia, letra pequeñísima, que no sé quién en mi casa compró, pero que de todos modos nunca me recomendaron (y eso que saben que yo leo). Recuerdo sólo una vez en la que me animé a leer las dos primeras páginas, y estuvo bien, y nada más, lo dejé porque ya estaba leyendo algo (tengo la manía de leer un libro a la vez).
Con El pez en el agua me fue mucho mejor, llegué hasta la mitad y de pronto no sé qué pasó. Me gustaban tanto los pasajes en que narra su infancia, la relación conflictiva de sus padres, y un Marito inocente que hacía competencias de pajas en el río; como también la parte política, su campaña para ser Presidente del Perú.
Otra obra fue La Guerra del Fin del Mundo, la historia de Canudos hasta donde sé, y que bueno que no sé más, para tener más incentivos. Es increíble cómo me arruinaron El Sueño del Celta en un artículo periodístico donde cuentan cómo termina el personaje principal. ¡Creen que por ser una novela histórica tienen el derecho de lanzarme un spoiler de tal magnitud! Respeten a los ignorantes de la historia pues.
La tía Julia y el Escribidor es de las más livianas que he leído de este autor, y cuando digo "leído" ya saben a qué me refiero: ojeado, zapeado, etc. Lo dejé en la página 80 porque ya iniciaban mis clases y soy traumado. ¡Cómo disfrutaba con la relación de Mario con Julita! Cómo leía deseando algún encuentro sexual (ese libro es muy sensual, lo puedo decir sin haber leído ni una escena erótica, pero en los diálogos, en las descripciones, en los labios de Julia, uno puede sentir mucha carga, mucha tensión sexual), y cómo quedé capturado por las historias intermedias, la primera sobre todo.
Ahora que Mario Vargas Llosa es premio nobel, y todo el mundo se afana de haberlo leído (hubieran visto a los políticos hablar de cuántas obras se habían gozado, y cuando les preguntaban por títulos, no sabían qué responder, malditos oportunistas), se me dio por revelar la historia de mi fracaso, decir que yo agarré un libro de Vargas Llosa y lo dejé por falta de tiempo, por falta de interés atribuible a mi corta edad (en ese entonces), o por simpe dejadez. Ahora que Vargas Llosa es Nóbel, me siento obligado a leerlo, no sólo porque en sus obras demuestra saber hacer uso de una magnífica técnica literaria, sino por el mismo hecho de ser peruano. ¿Se imaginan? Yo en el extranjero y de pronto una pregunta precisa: ¿Qué libro de Vargas Llosa te gusta más?; ¿se imaginan? Ser peruano y no saber nada de él, no, no, eso no puede ser. Y me veo en aprietos estando en el extranjero porque en el Perú no importa, en el Perú da igual si has leído o no a MVLL, o en todo caso, nadie te señalaría con el dedo, es normal.
Quizás por eso me siento obligado a leer MVLL, porque sin duda alguna ya no es sólo un peruano, es un ciudadano del mundo, y como tal, ahora sí da ganas de leerlo.



