Mostrando entradas con la etiqueta wingerr. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta wingerr. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de septiembre de 2011

Santa Susana 369

Terminó de trapear el cuarto y se sentó a ver el piso relucir. Por zonas podía ver la imperfección de su trabajo, las marcas de sus zapatos marrones pegadas a la luz-reflejo del suelo. Si no fuera por la lumbre blanca del foco, ahora estaría en penumbra. Lima era una ciudad opaca, donde los días soleados se apuntan con alegría en el calendario, y las horas son sólo un recuerdo aciago de que el día está por morir. Por fin se había acostumbrado a su nueva vida, vivir lejos del Trujillo que lo vio crecer y que guarda en sus calles, sombras, plazas, el registro de sus amores y penas. Estaba en otra ciudad que se abría paulatinamente a su mirada, aventurándose hasta donde el dinero le alcanzaba.
Sentado en la cama, sobre la manta de su enamorada, se sintió completo. De pronto, sintió miedo, pero se aferró tiernamente a la idea de que era feliz y no importó nada más.

Había aprendido a vivir el presente en una ciudad donde no tenía recuerdos.

Leer más...

domingo, 28 de agosto de 2011

Barranco nunca duerme


El día anterior nos aventuramos a ir a Miraflores, con un croquis sacado de google map (aporte de Liz, Miss ubicación xD) y puntos claves en la memoria (está de más decir de quién era la memoria xD). Fuimos en busca de las entradas de Francois Peglau, un día antes del concierto. El lugar donde las vendían era una galería angosta y surtida de colores, custodiada por dos perros enormes que ladraban cuando los acariciabas. Recién se habían vendido 215 entradas. Esta vez mi pesimismo no ganó, por suerte, justo un día antes del concierto conseguimos entradas y aún sobraban el doble de lo que se había vendido, pero bueno, mejor (no iría mucha gente).
Esa tarde, la del día del concierto, dormimos un montón, y creo que ese fue el problema, despertamos con los cuerpos molidos, asustados por la hora: Para llegar a Miraflores era algo de 40 minutos, y de ahí a Barranco quién sabría, nosotros no. Nos privamos de la cena (en realidad cenamos sólo 2 panes con mantequilla y leche anchor, anchor xD) y fuimos a la Noche de Barranco.

En el bus a Barranco:

- Liz, éste ya es Barranco.
- Ah sí, ya...¡mira esa chica va a bajarse!, seguro que también va -y examinó su vestimenta-. Sí, sigámosla.
- Ya. Bajemos.

Seguimos a la chica algo de dos o tres cuadras, hasta que en una esquina se detuvo intempestivamente y por poco chocamos con ella. Pasamos de frente.

- Creo que no iba a la Noche.
- ¿¿Tú crees?? -soltó Liz irónicamente.
- Pos sí -haciéndome el tarado xD.
- Mejor preguntar.

Nos indicaron que debíamos volver todo lo que habíamos caminado, voltear a la derecha, de frente hasta el final, ahí estaría la Noche. Y la estuvo, con Yushimi, Kanaku y el Tigre, y Francois Peglau. Chéevere:




Yushimi



Kanaku y el Tigre (no encontré videos =()

Y Francois Peglau:



Ahora sí: el video que Liz grabó: sale descuadradazo, pero tiene buena imagen (para que vean lo cerca que estuvimos), ah, también está incompleto (youtube maldito que lo recortó y da pereza volver a subirlo).



Después del concierto nos atragantamos con unos tequeños buenazos =P.
Barranco nunca duerme.
En el camino de regreso vimos a un maníaco que no paraba de sacarse la barba con una pinza compulsivamente.

Leer más...

lunes, 11 de julio de 2011

A hurtadillas

Salí de clase y me dirigí a un teléfono:


- Amor, ya voy a verte, espérame.

En realidad me encontraba a cinco metros de su cuarto, pero caminé en otra dirección. Paseé por calles oscuras, callejones poco transitados, un parque, otro parque, y llegué a la casa del día anterior. La rosa rosada seguía sola en medio de rosas rojas, altanera, perfumando la noche. Sin embargo, ahí también estaba el vigilante, sentado en una silla de plástico, conversando con un vecino. El vigilante era viejo, seguramente ni podía correr, pero su sola presencia emanaba autoridad al fondo de la calle, y bastaba dos silbidos para que los vecinos de al frente se echen a mi caza. Indeciso, me hice el que llamaba por celular mientras vigilaba el escenario. El día anterior había estado con Liz sentados en un muro cercano, mientras nos protegíamos del frío. En plan de broma le había prometido que volvería a ese lugar, a hurtar dicha rosa. Y ahí estaba, marcando mi celular, sin animarme. Mentalmente contaba hasta tres, llegaba a tres y me lamentaba. Cuando estuve a punto de lanzarme, dos señoritas pasaron por mi costado y se metieron a la casa. Otra vez me quedé parado en la vereda. Ya habían pasado quince minutos y empezaba a desesperarme, Liz me esperaba.
Me metí al jardín y miré de nuevo al vigilante, me pareció que me seguía con la mirada. Para disimular empecé a fotografiar la rosa y a eliminar una y otra vez la misma foto borrosa. Hasta que me cansé. "Caracho, ya qué mas da". Agarré con fuerza el tallo de la flor y las espinas se deshicieron en mi mano. La rosa se desprendió y empecé a correr despavorido. Corrí por calles, atravesé el parque, me volví loco con los silbidos en la cabeza... y seguí corriendo. Cuando me encontré en la calle de Liz aminoré la marcha. Llegué a su pensión, la llamé a su balcón, mientras todo el mundo me observaba victorioso.
Lo demás es privado (xD).

Leer más...

jueves, 26 de mayo de 2011

Irracional

Era miércoles y me iba a ver con mi enamorada. Eran las siete de la mañana, e indudablemente me había olvidado de nuevo que a esas horas no era buena idea sentarse en el último asiento del micro; pero ahí estaba, preguntándome cómo haría para salir. Suspiré, resignado ante la idea, y empecé a caminar por el pasadizo cuadras antes de mi paradero, cada paso dado con todo el peso de mi cuerpo encima. Ya por la mitad, me di cuenta que dos tipos se hicieron una seña con la mirada. Quizás hablaban de mí, pero no le di importancia. Seguí caminando, haciéndome paso con mi maletín. Primero pasé al tipo vestido con ropa deportiva. Pero no pude pasar al otro. Justo cuando el micro se detuvo donde tenía que bajarme, el otro tipo, que iba de terno, se agachó a recoger una moneda y se cayó sobre mí, evitando que continuara. Lo empujé, lo empujé, y fue inútil. El micro otra vez reanudó la marcha. Por un momento pensé en golpearlo, pero mi cerebro hizo sinapsis y me detuvo. Una sinapsis paranoica y descabellada: “!!!” Instintivamente me llevé la mano al bolsillo: ¡mi celular no estaba! Volteé y me choqué con la mirada del de gorra, miré por un microsegundo su rostro y después sus manos, ocultas por la chimpunera. Me lancé sin pensar. Empecé a rebuscar entre sus cosas, haciendo fuerza para que me mostrara sus manos. Y sí, debajo de un trapo o chompa encontré mi celular. ¡Se lo arranché sin dudarlo!, y de nuevo le miré al rostro: “Se te había caído”-me dijo, con una voz de niño arrepentido.

Me bajé a la cuadra siguiente, avisándole al cobrador de esos dos choros. En el camino mi corazón seguía latiendo y poco a poco me fui dando cuenta de lo irracional que había sido.

Aunque esta vez ser irracional sí sirvió.

Leer más...

domingo, 24 de abril de 2011

A heartache's night

He soñado con el pasadizo que lleva a tu cuarto. Me veo parado a lado del lavandero, observando tu puerta. Sé que duermes tranquila sobre tu cama, detrás. Indeciso, me acerco y pongo el oído sobre la madera. La puerta chirria y por poco me caigo adentro. Caracho, sólo la habías pegado. No me sorprende, es más, me extraña que las llaves no estén colgadas afuera. La cortina oscila en el aire y la noche entera suspira lentamente. Es verano. Poco a poco mi vista se adapta y me doy cuenta que no estás en la habitación. Tus sábanas están revueltas, tibias. No debes estar lejos. Me meto en la cama y me pego hacia la pared, con la espalda hacia la puerta, y trato de dormir. Al poco rato escucho pasos, y de pronto la puerta se abre y cierra. Sé que eres tú, pero no volteo, tampoco pretendo hacerme el dormido. Tu aroma inunda la habitación y se esparce hacia la calle como incienso. Floto un rato con tu aroma.

- Oye, ¿qué haces aquí?

Menuda manera de reaccionar.

- No pienso salirme -digo tranquilo-.
- ¿Qué?
- Hasta mañana.
- Erwing...

Hago que ronco. Al rato ella entra también y nos quedamos mirando la oscuridad.

- Te amo, tonta -digo.

No responde. Espero que se duerma y al fin me abrazo a su cintura.
Toda la noche me duele el corazón, literalmente.

Leer más...

sábado, 19 de marzo de 2011

A oscuras en la UNT

Sentados en una banca de la universidad, al frente de Derecho, Ave de Luz y yo conversábamos con la mirada fija en el cielo y escuchando de vez en cuando a una pareja de mocosos sentados al frente. La luz se había ido en toda la universidad. El tipo se esforzaba en hacerle ver a la chica cuánto sabía sobre las estrellas y la luna.

- ¿Quién será ese imbécil que afana así? -comentó Ave de Luz, sonriendo con la voz.
- Jaja...-resoplé-. No sé, escucha nomás. Esto está bueno.
- ¡Pero esas estrellas no se llaman así!
- Jajaja...ni idea.
- Y menciona ¡MIS estrellas! -se indignó.
- Eran mías también en la infancia, calla y escucha.
- Espera...¡PIERO! ¿Eres tú? -gritó Ave de Luz hacia la otra banca. La conversación se detuvo y del otro extremo respondieron:
- ¿¿Ave de Luz??
- ¡¡Piero!! Con quién estás ahí...¡ya sé! ¿¡Martha!?
- Jijiji -rió Martha- Sí...
- Justo te estaba buscando, pero con el apagón desistí, y mira tú, ¡me vengo a sentar al frente de ti!
- ¿Para qué me buscabas?
- Tu hermana me dejó unos libros en tu asociación, ¿me los puedes dar?
- ¡Ah cierto! -recordó ella-. Ya, vamos, tengo la llave.

En el camino me los presentó, pero igual yo callado.

Martha abrió la puerta de Ad Iuris y entramos los cuatro, alumbrándonos con los celulares.

- Por aquí debe de estar -dijo Ave de Luz-. Dijo que los dejó en el escritorio.
- Aquí hay una caja -dijo Piero.
- Sí, esa debe ser -se puso a mirarla mientras yo alumbraba-. Está sellada...a ver si la abro...no, para qué, seguro es ésta. Ya Martha, me la llevo.

Nos despedimos, y con Ave de Luz subimos al segundo piso, a dejar la caja a su asociación.

- Espera, yo tengo la llave -le dije, descolgándome la cadena que Liz me había dejado-. Ya, entra.

Ave de Luz dejó la caja en la mesa y se puso a buscar en los estantes.

- También dijeron que me dejarían libros en los estantes, ayúdame a buscar.
- Ya, pero mejor cierro la puerta -escuchaba pasos.
- No hay Erwing, no encuentro mis libros...mm...

Los pasos se escuchaban más fuertes y rápidos. De pronto tocaron la puerta y alumbraron con una linterna:

- ¡Aquí hay dos! -exclamó una voz de mujer.

Abrimos la puerta, y dos vigilantes, hombre y mujer, nos veían con miradas inquisitivas y acusadoras: Ave de Luz con su casaca semirota y su gorra verdes, y yo, barbón a no más poder.

- ¿Qué hacen aquí? -preguntó el gordo -. Identifíquense.

Les extendimos nuestros carnés, los cuales guardó de inmediato.

- Esta es nuestra asociación -dijo Ave de Luz-. Estamos aquí buscando unos libros.
- Sí, nuestra asociación, por eso tenemos llave -les dije enseñándoles.
- ¡Hemos visto que han subido una caja! -exclamó la chica, todavía sobresaltada-.
- Sí, son libros, está en esa mesa -señaló Ave de Luz.
- Tenemos que verificar -dijo el gordo, avanzando.
- Adelante -dijo Ave de Luz, con un tono hilarante en su voz-. Es ésta.
- Ábrela -ordenó el vigilante.

Ave de Luz empezó a rasgar la bolsa que sellaba la caja.

- Como verán...sólo...son... libros -terminó, topándose con una impresora. Yo quise gritar: ¡¡Oe bah!!
- ¿Libros, ja? -dijo satisfecho el gordo-. ¿De quién es esta impresora?, ¿ustedes la han ingresado?, ¿de dónde la han sacado?
- Tendré que informar esto -dijo la chica, ahogando un grito-. El pabellón entero está bajo mi responsabilidad.
- A ver -dijo Ave de Luz, tratando de tranquilizarse-. Nosotros pensábamos que eran mis libros...una amiga me había dejado unos libros en una caja en Ad Iuris, hace cinco minutos nos la han dado, como estaba oscuro no vimos lo que había adentro, fue un error, nosotros subimos la caja del primero al segundo piso, nada más.
- Tendré que llevarme la impresora -dijo el gordo, mientras salíamos del CEILS al pasadizo.
- Anda, yo los vigilo -dijo la mujer.
- Llamaré al supervisor. Y ustedes no se muevan, porque si se pierde algo en esta facultad, algún cañón multimedia, cpu, cualquier cosa, ¡ustedes serán los únicos responsables! -esas palabras calaron profundo en mi estómago y recorrieron todo mi cuerpo: ¡Mierda!
- ¡Cierto! ¡Los cañones! Tiene razón -exclamó Ave de Luz, algo desencajado-. Entonces llame a su supervisor.
- Verificaremos salón por salón que los cañones están en su lugar -agregué yo.
- ¡Y veremos que no falte ni siquiera uno!
- Llame a su supervisor -exigimos los dos.

El gordo usó su radio mientras nos miraba, intercambió unas palabras con otro hombre, y ordenó a la vigilante que empezara a verificar con nosotros, el supervisor no demoraba en llegar. Empezamos por el tercer piso, primero con un aula que tenía una cadena amarrada y un candado sujetándola. Abrimos salón trás salón, bajamos piso por piso, revisando si estaba el cañón suspendido en el aire en medio de los salones, y los cpus pegados a la pared. De rato en rato veía alguna basura en el escritorio y de chistoso, confiado ya después de encontrar salón trás salón todo en orden, indicaba medio burlón que había un vaso de plástico, o un afiche de Claro, cualquier cosa. Cuando llegabamos al último salón Ave de Luz y yo nos preguntamos si ahí había proyector, no recordábamos, pero por suerte nada faltaba.
La vigilante se quedó en el pabellón, nosotros fuimos llevados al puesto de vigilancia principal con el supervisor.

- Buenas noches -saludamos.
- Estos son los chicos, señor -dijo un vigilante. El gordo ya no estaba.
- Ya hemos revisado salón por salón, no falta ningún cañón -dije.
- Queremos que se levante un acta, contando nuestra versión de los hechos, y se deje constancia que no falta ningún bien mueble en la facultad -agregó Ave de Luz. Yo lo secundé con movimientos firmes de cabeza.

El supervisor levantó la vista y simplemente dijo:

- Ese no es el procedimiento. Verán, lo de los muebles de la facultad ya quedó saneado, dejémoslo ahí. El problema es sobre la impresora.
- Jefe -intervino otro vigilante-. Esa impresora ha sido ingresada hace dos días, está registrada en el cuaderno.
- Mmm...ya -siguió el supervisor, como si se le escapáramos de las manos-. Sus carnés se quedarán aquí, mañana vengan con el dueño de esa impresora, que el señor aquí les dé el nombre.
- ¡Ya! Pero ya que en el cuaderno está el código de la impresora hay que verificar si se trata de la misma, tráigala, hay que comparar -exigí, para mayor seguridad, no vaya ser que después la cambien. Por suerte concordaba.

Nos dejaron salir a la oscuridad detrás de los muros que protegían la ciudad universitaria. Con Ave de Luz caminamos hasta el Óvalo Larco y yo le pedí quedarme en su casa esa noche, no iba a estar tranquilo solo en mi casa sin tener a nadie con quien conversar. Esa noche nos la pasamos escuchando música en la azotea.
Al día siguiente a la 1 de la tarde recuperamos nuestros carnés, y nuestros nombres y códigos quedaron registrados en un acta de incidencia, de la cual no pudimos echar mano a pesar de haber pedido.

Leer más...

sábado, 12 de febrero de 2011

Corre Ave de Luz


Salí de mi casa sintiéndome más culpable que nunca, pero con la certeza que hacía lo correcto. Ave de luz iría a despedir a su Pequeña Uh al aeropuerto, y yo iba a dar fe que cada pedaleada se había dado con amor, frío, miedo, y fatiga. Aunque en realidad creo que si no hubiera acompañado a Ave de luz él no hubiera extendido sus alas y habría guardado sus ideas innovativas y poco convencionales para otro momento.
El domingo que salí de mi casa, mintiendo que iba a hacer un trabajo grupal toda la noche cuando en realidad iba a manejar bicicleta hasta el aeropuerto de Huanchaco y encima de madrugada y encima por primera vez en mi vida manejando en pista, con ticos, taxis, micros y bestias en la avenida, agregándole, esto sí, el examen del día siguiente para el cual no había estudiado casi nada; sentí que era lo correcto, lo más romántico y loco que podía hacer en estas semanas de angustia, estrés y depresión, y tómese romántico no en su aspecto sólo cursi sino también en esa connotación que se me escapa de las manos como humo de cigarro y trato de alcanzar. En fin, el domingo manejé de Buenos Aires hasta la ciudad universitaria, después de años de no tocar una bici, después de haber tenido mala noche por haber ido a una fiesta, haber practicado fútbol en la mañana, manejando yo una bicicleta vieja cuyo pedal izquierdo estaba vencido, por lo que mi pierna derecha era la única que se esforzaba, y por todo lo anterior, que cuando llegué a la universidad me agarró un calambre en el muslo derecho que casi hace que me atropellen un día antes de la aventura. Al menos ese día cené chifa, y eso que a mí no me gusta mucho pero el fideo entra con todo.
Antes de dormir, aunque en realidad yo no dormí, mejor dicho, antes de estar tirados conversando en un colchón, ya habíamos preparado todo para salir de madrugada, teníamos nuestro arcenal: dos chocolates triángulo por si las fuerzas flaqueaban, una botella de agua por si la garganta no daba, y dos halls para cualquier apuro. Listo, a domir, o conversar entre sueños.

La alarma sonó a las 2:30 a.m. pero nos dimos cuenta unos segundos después. Sacamos las bicicletas que habíamos amarrado con una soga a la ventana del hall, y a las 3:00 a.m ya estábamos manejando, desde el óvalo Larco, en dirección al mall, para luego voltear en dirección a Huanchaco. Ave de luz adelante y yo justo detrás, que me quedaba por ratos, esforzándome por seguirle el ritmo. La verdad que a esa hora casi ni autos había, ni personas, sólo uno que otro reciclador, un patrullero estacionado conversando con dos chicos entre vidrios rotos, y la pista oscura que se extendía hasta donde alcanzaba la vista y nos perdíamos. Pobre Poder Judicial recuerdo haber pensado al pasar, al verlo inmenso y completamente iluminado, vacío como siempre, (nunca mejor expresado). O la emoción de manejar entre el desierto chimú, con huacas a los costados, sintiendo el misterio que se diluía con el viento de la noche, tratando de transportarme a épocas remotas.
Llegamos al final del camino, que habíamos seguido diligentemente según los carteles (jamás en la vida habíamos ido al aeropuerto ni transitado por la carretera que desemboca en él), y nos chocamos con un portón de barrotes de fierro, cerrado en plena oscuridad. Eran las 4:00 a.m. y abrían a las 4:30. Tirados en la vereda nos comimos los halls mientras esperábamos. De pronto, de un taxi estacionado en el otro extremo de la avenida salió un hombre en calzoncillos y se puso a orinar en la calle. Las cosas que uno ve -pensé. Y con las mismas subió de nuevo al taxi al trasero posterior, tal vez al encuentro de una mujer.
La media hora pasó e inmediatamente le exigimos al vigilante que nos dejara pasar, claro que el vigilante no se dio cuenta que le exigíamos, por algo éramos estudiantes de Derecho, y una vez superada la barrera de fierro manejamos el último tramo y llegamos. Un aeropuerto desierto, sin trabajadores, sin pasajeros (bueno, sólo una), y con unas bancas de plástico muy cómodas en las cuales dormí echado mientras Ave de luz averiguaba si el viaje era ese Lunes, o había sido ayer, o a qué hora era. Me dormí rogando que no hayamos manejado en vano.
Cuando desperté, Pequeña Uh no había llegado, pero sus compañeras sí, así que sí, ese era el día del viaje, sólo que 3 horas después. Hasta que llegó, y Ave de luz fue feliz, a pesar de que se iba, y emocionado él por saludar a la familia, que toca mi corazón, boom boom boom. Y se fue, o nos fuimos, nos despedimos, y deseamos suerte.
Al regreso, manejando de nuevo, nos comimos los chocolates. Y cuando llegamos a Trujillo, otra vez, nos metimos a un hueco a comer shambar, a recuperar las fuerzas porque Ave de luz iniciaba a trabajar ese día, y a mí me quedaba toda la mañana para estudiar para mi examen. Que por cierto para no dormirme tuve que estudiar parado encima de la cama de mi primo, pero esa es otra historia.
Mi examen no lo di tan bien, pero aprobé, y todo salió como debió salir. En fin, no nos pasó nada, que es lo bueno.
(Aunque no quiero omitir que las posaderas quedaron doliendo por lo menos hasta dos días después).

Leer más...

domingo, 16 de enero de 2011

Déjame entrar

Que si no me perdonas amor, el pasado nos va a devorar enteros, con zapatos y todo, con tus tacos tan lindos que no sabes manejar. El pasado será nuestro presente, o el fantasma del presente que cada momento es pasado, o sea, el fantasma del pasado estará presente en el futuro que dura sólo un presente, y sí, ya sé que soy culpable, y gracias, por esperarme, por lo lento que fui para volver a sentir, y darme cuenta, sobre todo eso, y muchas cosas más.
Que si no me perdonas amor, mis caricias no harán más que rozar el cizo de tu corazón, y mis besos sangrarán tus heridas, mis manos entenderán tu dolor y no podré estar tranquilo, sería como estar en mi lugar favorito y encontrarme con que ya no está el árbol, ni el parque, ni las huellas que dejamos a lado de esa capilla.
Que si no me perdonas amor, mis abrazos serán inútiles, las palabras, tan poderosas, no valdrán nada, y eso que juego con las palabras mejor que con la pelota, y las palabras amor es todo lo que tengo, y todo el futuro llenecito de palabras te lo llenaré, pero también de actos, hechos, y demostraciones sudorosas.
Déjame entrar de nuevo, ahora sí con la puerta abierta, para que nuestros mundos se nos mezclen y se hagan sopa, pupiletras, almanaques. Déjame la llave y yo te boto al inquilino que tanto se parece a mí y que te sigue hiriendo. Después pondré un sofá y te esperaré, para ver tranquilos, y comiendo palomitas una película del pasado, que no todo pasado fue peor, y si te doy a elegir ya sé que pondrás breakfast at tiffany's, y yo feliz, feliz, a tu lado, apachurrado, y en paz.
Déjame entrar.

Leer más...

miércoles, 12 de enero de 2011

Pobre, yo de ti



Eres mi refugio,
los dos grandes ojos que me miran y me toman
los lunares de tu cuerpo sobre cuales yo me poso.

Eres tú la calma,
de mi alma cuando anuncia tu presencia,
y tu aroma, que me sujeta y me atrapa,
pobre yo feliz que se deja.

Pobre, yo de ti, que espera
tu alegría, tu soltura,
tu sonrisa reflejada en tus ojos
que ilumina la levedad de mi vida.

Pobre, yo de ti, feliz.

Leer más...

jueves, 6 de enero de 2011

Mis 05 libros de 2010

Qué vergüenza, sólo logré leer 5 libros entre mis días de estudios, trabajo, ocio, huelgas y escapadas. Vergüenza, pero aquí van:


1.- El hombre que fue Jueves - G.K. Chesterton.

Genial en sus exageraciones y divagaciones de los personajes. Lleno de situaciones risibles así como de suspenso, misterio, y mucho de absurdo.

2.- El corazón de la tinieblas - Joseph Conrad.


Narra el viaje de un marino a un sitio devastador, insoportable para la cordura, la selva opresora, misteriosa, conocedora de secretos terribles. Muestra el despojo de nuestra humanidad por razones insospechadas. "Injusticia, tanto sacrificio para no llevarnos nada" (Kurtz).

3.- El centauro - John Updike.

Recrea el mito griego de Quirón, el centauro que le cedió su inmortalidad y sabiduría a Prometeo, siendo en la novela representados por George y Peter Caldwell, su hijo.
La trama navega alrededor de la relación padre-hijo, con unos diálogos deliciosos y una prosa ilustre, llena de recursos míticos, que muestra la tragedia y la ternura del "el centauro".

4.- Canción de hielo y fuego: Juego de Tronos - George Martin.


Uno de los mejores libros de fantasía que he leído.
Una historia de honor, traición, lealtad, fortuna y tragedia; y un autor desesperado por no ser predecible, cayendo por eso en la crueldad y ausencia de sentimentalismos (la mayoría de veces acertadamente), discriminando bien los momentos adecuados para dar paso a la tristeza. El primero de una serie de libros.

5.- Canción de hielo y fuego: Choque de reyes - George Martin.

El autor no pierde el ritmo, a pesar de que las historias aún no terminan por conectarse. Al inicio de cada capítulo tienes que adaptarte a la historia que se cuenta y a identificarte con los personajes de una forma muy rápida (no hay problema con eso).
Sigo con la idea de que este autor deja de lado los sentimentalismos y las fórmulas clásicas, y cuando las coge no las hace de forma descarada, sino que da pistas para que el lector prevea lo que se viene y así le perdone.


Repito: Qué vergüenza, y lo peor es que no creo superar este "récord" este año, aunque ya voy leyendo el segundo libro del año, o más bien el tercero. Ojalá encuentre un liniers en algún supermercado u.u.

Leer más...

sábado, 11 de diciembre de 2010

Los informales y el frío


Bajé del taxi en el sitio que quedamos, y me puse a esperar (A pesar de que odio esperar). Pero estabas al frente, al otro lado de la avenida. Caminé hacia ti...eh...no, caminé buscándote con la mirada (un mensaje de texto no es muy preciso). Cuando di contigo me regañaste y me sonreíste. Me encanta cuando tus ojos sonríen, esos ojos marrones que me envuelven.
Caminamos por la noche, salteando calles, metiéndonos por pasajes, dejándonos ver por la gente. Y en un momento, te abracé de la cintura. Qué placer cuando te aferraste a mi pecho. Caminamos como dos enamorados que tienen frío, o como dos viejos amantes que se conocen y se sienten bien juntos. ¿Para qué esperar entonces? Pero no te besé. Te di besos en la cabeza, en la mejilla, en las manos, en el cuello, pero no te besé.
Al final, cuando nos separamos, sentí que no debía dejarte, o que eras mía, y yo tuyo.
Al final, me fui con el beso que no te di.

............................................................................El Noctámbulo

Leer más...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Treinta centavos


La puerta de la U está cada vez más cerca. Es momento de ponerme de pie y caminar hasta la puerta del micro, mientras rebusco en mis bolsillos por el pasaje. Llego y el cobrador recibe mi moneda de a sol con mala cara. Tiene dos soles en la mano y busca con la mirada a alguien que tenga sencillo. Caigo en la cuenta: la chica que está delante de mí también le ha pagado con un sol y espera por su vuelto, mientras el micro sigue avanzando. El cobrador no sabe qué hacer. Ante su indecisión se olvida de avisar al chofer que bajamos; pero la chica de mi delante tiene la solución: grita, reclama, y el chofer frena de golpe.

“Qué chévere una chica así, ojalá sea bonita”.

A las justas el cobrador recibe sencillo de otro pasajero y le da el vuelto a la chica. Yo bajo detrás, extendiendo mi mano, pero el cobrador deja que termine de bajar y cuando me doy cuenta ya estoy fuera.

“¡¿Oe qué?!”

Volteo a ver al cobrador que se va con el micro y me señala a la chica: “pídele tu vuelto”, me grita. Volteo hacia la chica pero ella ya está tratando de cruzar la avenida. “¿Pedirle mi vuelto?” Volteo de nuevo hacia el cobrador que se pierde, pero logra entenderme, da un silbido tremendo y le hace señas. La chica baja la vista hacia su mano y cuenta el vuelto, sonríe y se acerca: “Ni cuenta, disculpa”. Y me da mis treinta céntimos. “Jeje, casi te quedas sin pasaje de vuelta”. Y se va. Se va dejándome tirado, humillado, en medio de la pista, y lo único que se me da por pensar es: “¡¡es bonita!!”.

Todo el trayecto que recorremos juntos la sigo con la mirada, y en el desvío suspiro.

Leer más...

martes, 9 de noviembre de 2010

Tiempo de miércoles


Últimamente no calculo bien el tiempo. Cuando pienso que habrá calor, de pronto el día se vuelve gris, húmedo, y ventoso, y no me queda más que rabiar mientras tirito camino a casa. No sé qué le pasa al tiempo, que juega conmigo, y sólo conmigo, porque los demás sí preveen que habrá frío, sí saben que estarán temblando en las escaleras, balcones, o pasadizos de la universidad. Saben, sólo que son lambidos y se vienen con ropa cortita, presos de fiebres hormonales. Cólera caracho. Cólera. Hoy tampoco traje chompa.


Leer más...

lunes, 25 de octubre de 2010

Claire


Claire despertó bruscamente, con una punzada de frío tras aquel primer grito. Pero fue al segundo que creyó que era real. Alguien llamaba a través de la reja, golpeaba desesperadamente los fierros oxidados que día a día se juntaban con la arena del suelo. Cuando llegó sudada a la puerta de entrada, creyendo que Fermín había enviado a alguien a esas horas de la noche, pensó que sólo de lo peor se podía tratar. Si no le hubiera resultado extraño el hombre que la miraba a través de los vidrios inexistentes, inmediatamente hubiera salido corriendo tras él.

- Sí, diga –dijo con toda la determinación que pudo. “Muéstrate valiente”.
- Estoy con fiebre, y aún estoy a medio camino de a donde voy…

Incluso en la oscuridad, el hombre no podía disimular su malestar. Tenía sudor en la frente, y se apretaba las muñecas una y otra vez. Aun así, sonreía al hablar.

- Tiene mucha fuerza para tener fiebre. Casi me quedo sin alma a causa de sus golpes.
- Siempre he sido muy fuerte –sonrió el hombre-. Pero me temo que para el amanecer alguien me encontraría tirado al pie de un árbol, devorado por lobos.
- Le duelen las muñecas –era lo que más le inquietaba. “Quizás llevaba esposas”.
- Sufro de los huesos y con este frío… -la miró cauteloso, leyendo en sus ojos el motivo de su miedo-. ¡¡Usted cree que soy un criminal y que me he escapado!! –exclamó divertido-. No, no, mi lady, mire usted mi piel, si me doliera a causa de esposas mi piel seguiría al rojo vivo. Yo sólo tengo fiebre –y acercó la frente entre la reja-. Usted quiere pruebas, tóqueme.

Claire posó su mano, y descubrió no sólo que el hombre ardía en llamas, sino que llevaba buen tiempo sin poder asearse. Aunque no lo mencionó.

- Mis costumbres me obligan a auxiliarle, espero que usted sepa valorar eso –dijo de memoria la fórmula antigua, aunque sabía muy bien que era inservible-. Entre.

Le abrió la reja y el hombre se deslizó, suave y débil, volviéndose a cada paso que daba, más pálido de lo que ya era.
Cuando terminó de prepararle un sitio cerca al fuego, le preguntó si necesitaba algo más.

- Quisiera bañarme.
- Está con fiebre, no es lo mejor.
- Es curioso que recuerde la fórmula antigua y se haya olvidado de todo lo demás. El agua fría nos calma un poco.
- ¿Qué fórmula antigua? – “Dios, ¡¿qué he hecho?!”
El hombre sonrió y prosiguió.
- Necesito bañarme, usted comprenderá – y con su mirada lo dijo todo. Esa mirada ámbar tan deliciosa, se tornaba color rojo sangre ante sus ojos, con tanta facilidad como se expande el vino derramado sobre el mantel.

La muchacha profirió un grito y cayó de rodillas, con la cabeza sumisa en dirección al suelo, vigilando los pies del hombre, rezando para que no se moviera.
El hombre soltó una risotada, tan grotesca y despiadada, que Claire pensó en un instante que se desvanecía. “Tiene que funcionar”.

- Me sorprendes… –el hombre comenzó a andar en círculos alrededor de ella, que seguía arrodillada y con la cabeza gacha-. Primero la fórmula antigua, y ahora el círculo de protección del sumiso. ¿Cómo sabes todo eso? –preguntó divertido.
- Por favor vete…
- No puedo…estoy intrigado. ¿No entiendes? Conocimientos tan valiosos, ¿cómo llegaron a ti?
- También desciendo de vampiros.

El hombre se detuvo en seco.

- Pero no eres vampira –la acusó.
- No.
- ¿Cómo es posible?
- Haz el amor con una mortal y tu hija lo hará posible.
- ¡¡Está prohibido!! –gritó escandalizado.
- Como está prohibido matar a alguien que te recibe con la fórmula antigua, como está prohibido romper el círculo del sumiso –respondió gimiendo-…Pero dime…si es así, ¿por qué sigo temblando? –empezó a llorar.

Una chispa de luz aclaró el tono rojo sangre de sus ojos:

- Porque toda regla puede ser rota, y cualquier vampiro puede ser maldito…

Claire no dijo nada. No tenía más armas, “sólo la esperanza de todo ser mortal”.

- Siempre quise ser maldito –dijo riéndose.

Lo último que supo Claire fue que el fuego se apagó y su cuerpo cayó sobre el suelo, mientras su mente luchaba por no perderse. “Prefiero morir”.

La oscuridad reinó.

Cuando despertó, seguía tirada sobre el suelo de madera, ya había amanecido y el vampiro se había ido con la noche. No la había tocado. Sus vestidos estaban intactos. La había dormido. La había asustado y se había retirado. No podía odiarlo, no le había hecho daño. Cuando salió a la puerta, ésta seguía cerrada con llave. “No fue un sueño. Desperté en el piso”. Buscó alguna señal, algún indicio, una huella. Pero el vampiro había borrado sus pasos con la misma sutileza con la que entró. “La única huella que dejan es la de su mordida”, recordó las palabras de su madre, e instintivamente se tocó el cuello. Nada. ¡Nada! Salió corriendo de felicidad, hacia la acequia que pasaba por detrás de su casa, y se arrodilló para lavarse la cara. Casi cae de bruces al agua. Un dolor intenso le cruzó la entrepierna. Desesperada se tiró al agua y se desnudó echada, como pudo, casi inmovilizada por el dolor. Primero tanteó con sus dedos su zona íntima y sintió algo tibio que le brotaba. “Sangre”… “me penetró…”.

Cuando acercó la mirada a sus partes descubrió que era algo peor. Dos orificios rojos sobresalían de su monte de Venus.

“Éste es mi último día como mortal”.

Leer más...

viernes, 24 de septiembre de 2010

Situaciones Tipo ~memorias de un osiptelino.



Si tienes (o quién sabe tendrás) un trabajo de volantero o informador (entiéndase por esto a: volantero a secas que reparte papeles que ni lee, o, volantero que hace detener a las personas para explicarles el papel que ya leyó, o, volantero que hace detener a las personas para explicarles el papel que ya leyó y, además, resuelve problemas (éste tiene más level)), seguro que entenderás, o te servirá, estos tips que iba armando en la mente cuando era osiptelino y me paraba bajo el sol, con las manos sucias después de haber armado un toldo de fierros oxidados, dispuesto a detener a la amable gente que iba por la calle, sin problemas, y amando al prójimo (claaro xD).

Situaciones Tipo:

  • La madre que mete el coche del bebe entre la gente para pasar, apuradísima:
Wingerr se va decidido, mirando hacia otro lado como para que la señora no crea que la detendrán, aún así, ella sigue metiendo el coche, mirando de reojo. De la nada, cuando se encuentra lo suficientemente cerca, saz! Wingerr gira su rostro y empieza a hablar sin darle oportunidad a que le corten:

- Buenos días, señora, estamos en una campaña de información, soy de Osiptel...bla bla bla...usted tiene algún problema con sus servicios?

La señora, sacudiendo la cabeza ante el primer impacto, reacciona:

- No no, disculpa, estoy apurada.

Mm...momento de usar el segundo truco: Wingerr mete el pie derecho entre las ruedas del coche. Listo. La señora empuja y se da cuenta que le pisa, no se atreve a seguir.

- Bueno... -[voz de inocente mode on]- ¿Me permite tomarle sus datos? -no es que quiera saberlos, pero me obligan.
- Ok...-chiquillo del demonio...

  • La chica bonita que deslumbra y no deja concentrarse caracho!:
Wingerr, arrecostado en la camioneta, aburrido, mira hacia el parque =O!!! Corre inmediatamente antes de que sus compañeros se la ganen.

- Buenos días -qué hermosa eres- estamos en una campaña de información -por favor detente- eh...y, ah sí, soy del Osiptel, no sé si habrás escuchado sobre el Osiptel -y le sonríe, pero como ella no dice nada, sigue-. Bueno, es un organismo...bla bla -ojalá tuviera algo más que decirle- bla bla -¿cómo qué?!- bla bla -ya casi acabo u.u...- ¿No sé si usted habrá tenido algún problema? -Ud! Usa el tú! >.>...

- No, nada, pero gracias -y sonríe, sonríe!

Wingerr, sin darse cuenta que la mira más del tiempo permitido, le pide sus datos:

- Eh...cómo te llamas?
- Qué? -sonríe y se sonroja.
- ¡Disculpa! -disculpa?- es sólo la forma que controlan que trabajo... -aunque sí quiero saber tu nombre...

La chica-que-deslumbra le da sus datos, le mira, Wingerr la mira y sonríe, ella sonríe, él no dice nada, y ella se pregunta si debe irse, da el primer paso y Wingerr no dice nada, da el segundo y Wingerr la sigue con la mirada: Lo siento muchacha linda, tal vez teníamos un destino juntos (y apunta su nombre en la lista de las futuras posibles esposas dejadas al viento).
xDDDDD.
.......................

Por ahora sólo estas dos, ahora mismo el ki de mi papá está en 75%: quiere entrar D: (xD).

Leer más...

domingo, 5 de septiembre de 2010

El hombre de la sustancia maleable (II)


Siempre que el hombre la volvía a ver, su sustancia le sonreía a lo lejos, cómplice. Todos los días dedicaba un tiempo a contemplar la escena y se volvía tranquilo a su casa, incompleto. Todos los días, hasta que ella se dio cuenta. Cuando ella se dio cuenta, curiosa, agarró la sustancia con las dos manos, y se la envolvió como bufanda, emocionada, pasaba las horas dándole forma a su antojo: un sombrero, una sandalia, un llavero de perro; y en cada forma que la sustancia adoptaba, la cajita a lo lejos sonaba de dolor. Auch, auch. Sonaba y aullaba. Todas las noches, el hombre escuchaba los lamentos y perdía el sueño. Todas las noches, la sustancia se quejaba y hacía eco en la cajita.

Hasta que no pudo más. Se dirigió a ella y le exigió. Le exigió su sustancia, que sufría y sufría en sus manos sudorosas. Pero ella sonrió y le besó en la frente como si fuera un enfermo, y le ofreció, de vuelta, con todo corazón, en bandeja, su sustancia pálida. El hombre la tomó entre sus manos, y la sustancia se escurrió, la sostuvo, y cayó en ella, una y otra vez, se diluía entre sus dedos. El hombre luchaba por mantenerla, y la sustancia que, tristísima, se aferraba a ella. Después de varios intentos, la muchacha, cansada, comenzó a caminar, empezó a alejarse sin decir otra palabra. Y el hombre empezó a correr tras ella, el hombre se esforzaba en demasía; pero la muchacha era más ágil, más agraciada, y el viento la levantaba y la hacía flotar; y él, tan vacío, se hundía y se hundía, con cada paso en la tierra. Terminó tendido en el suelo, de bruces, mientras escuchaba en su cajita, a la sustancia triste y confundida.

Volvió a su casa y no quiso salir.
Días, semanas, meses, se escondía de la sustancia que lo llamaba a lo lejos. Empezó a odiarla. ¿Para qué me llamas, si no me haces caso? ¡Calla! ¡Cállate! Enloqueció. El hombre desesperado corrió al bosque y empezó a recoger madera, por aquí y por allá, cortó ramas, cortezas, y hojas secas; y las unió, las pegó, y las dejó secar al sol. Cuando estuvo lista, selló la cajita en su pecho y esperó. Esperó...¡el ruido se había ido! La sustancia no se escuchaba más. Fue feliz. Salió de nuevo y respiró el aire fresco, el cielo que seguía siendo azul, el pasto verde que le escocía los talones y le irritaba.
..............
Continuaba.

Leer más...

viernes, 27 de agosto de 2010

El hombre de la sustancia maleable (I)

Había una vez un hombre que tenía una cajita de madera en el pecho. Y dentro de la cajita, una sustancia deforme, densa, maleable, que le latía y le latía. Podía abrir la cajita y cerrarla, inocentemente, dándole un poco de aire, brisa fresca para aclarar los pensamientos. Cuando la cajita se abría, un poco de la sustancia se dejaba flotar y se iba, en forma de gotas, rocío, y se pegaba en la primera chica bonita que aparecía de la nada. Entonces él, tan fácilmente, la amaba, en la intensidad proporcional al tamaño de la gota que se había impregnado en ella, porque él ya era parte de ella, y era feliz. Y así, el hombre rociaba gotitas por doquier, gotitas por acá, por allá, la sustancia había comenzado a adquirir voluntad y la cajita se abría y cerraba, una y otra vez, hasta que la puerta se rasgó de sus goznes y el hombre perdió el control. Mil gotas rociaba al día. Pero volvían al anochecer, volvían cuando él se iba, y regresaba completo a casa, todas las noches.


Un día, el hombre dormía debajo de un árbol, rascándose de vez en cuando a causa de las hormigas y cubriéndose del sol, cuando sintió que algo lo succionaba, que algo lo jaloneaba desde adentro y lo tiraba al exterior. Abrió los ojos desesperado, y buscó con la mirada: de su pecho, de la cajita destruida, ¡las gotas se arremolinaban entre sí y salían a gran velocidad! Levantó la vista, y la vio, ahí estaba, la mujer más bella que había visto en su vida, aunque no habría podido decir por qué, era ella y punto, la que excitaba a sus gotitas. Ya no sintió miedo, comenzó a jalar, desesperado, las cadenas que se formaban al salir, jalaba y jalaba, jalaba y jalaba, hasta que con un sonido seco y pegajoso la sustancia se libró. Y el hombre se sentó a contemplar: cómo la sustancia la envolvía, la besaba, cómo se acurrucaba en su pecho y luchaba por meterse en ella. Y el hombre feliz, observaba sin descanso. Y cuando llegó la noche y tuvo que irse, la sustancia no regresó, la sustancia se quedó con ella y él era feliz, porque estaba con ella, porque todo él era ella, y ella que se lo llevaba, tan hermosa.

Continúa...

Leer más...

miércoles, 18 de agosto de 2010

Recomendaciones esenciales en un caso psycho: El alzheimer.


Esta entrada tiene por objetivo, abundantes lectores, establecer parámetros, líneas directrices, pasos a seguir en caso de que me vean parado en la pista, cuando el semáforo está en verde. Si sucede eso, hay dos opciones:

- O mi melancolía llegó a niveles extremos;
- o (lo más factible), el alzheimer atacó, y la pita que se partió (sigh).

Si sucede lo primero, mejor déjenme. Pero mejor pensemos en lo segundo (hay que ser positivos (?)):

Guía en caso el alzheimer me acompañe:

1. Si estoy en medio de la pista, lo primero que tienen que hacer es reconocer si la persona que está parada en la pista soy yo, el autor de esta entrada (puede que sea otro y meten la pata, hay que respetar a los suicidas u_u). Para eso, sólo tienen que ver en la planta de mi zapato derecho. Si ven que en alto relieve dice: http://aquinohaycombis.blogspot.com, acertaron, soy yo (normalmente uso ese zapato cuando hacen veredas nuevas y zas, dejo publicidad =)).

2. Ahora sí, no se pasen y sáquenme de la pista! Eso es básico.

3. Una vez en la vereda, vean rápidamente si tengo mi billetera. No se emocionen, ando más misio que practicante de derecho (ah, ése soy yo xD). Si la tengo ábranla y diríjanse al apartado 2 "Mirar en caso de Alzheimer" (sí, está con post-its), bolsillo 4to, compartimento 3, meten la contraseña y listo, tendrán mi dirección, teléfono fijo, placa dental, perro favorito, marca de calzoncillo y calendario anual de baño.

4. Si no tengo mi billetera, se fregaron. Tendrán que hacerlo de la manera difícil. Recomendación: llevarme a un lugar privado, un cuarto de hotel puede ser (o el techo de la facultad de matemáticas de la unt). Una vez adentro, con las luces tenues y yo sentado en una silla, amarrado y amordazado, empiezan a buscar en mi ropa. (Lo de amarrado y amordazado es para que mi yo-alzheimer no empiece a gritar de horror y luego los metan presos). En cada bolsillo dejaré algún dato personal (algo de mejor precavido que paranoico, o algo así dijo Nádroj). No se preocupen, garantizo quedarme por lo menos en ropa interior (esos datos son muy personales).

5. Si no encuentran los papelitos, o estos no dicen nada importante (a veces se me da por querer sentir peligro y me salgo con papelitos que dicen: "sigue buscando", "estás cerca!", o "este mensaje se autodestruirá"), ahora sí empieza a golpearme, puede que recuerde algo con tanto golpe.

6. Si no recuerdo nada, lo único que queda hacer es escribir un comentario en este blog, diciendo expresamente lo siguiente: Tengo a Wingerr, Nádroj, envía dinero de España para su manutención y búsqueda de sus familiares (incluir gastos de envío ¬¬).

7. Si Nádroj no envía nada (lo cual es más que seguro: ese on no colabora así tengas algo en el cerebro (?) xD), tienes dos opciones:

- Mantenerme y asegurarse que siga escribiendo en el blog (estoy seguro que no necesito mi conciencia para escribir estas tonterías); o,
- Dejarme en el cuarto de hotel, amarrado y semidesnudo. De inmediato acudiría la policía en mi rescate (si es que no me confunden con un delincuente ranqueado y me dan vuelta en one).

Estén atentos u_u.

Leer más...

jueves, 5 de agosto de 2010

Emowada

Tengo frío en los pies. Si junto dedo con dedo me resfrío (?).
.
.
.

Beirut me hace recordar a películas en blanco y negro. Y a mi infancia en Ascope. Me veo corriendo el día de mi cumpleaños, en la noche, mientras las trompetas resuenan, los bombos acompañan, y los cohetes salpican y explotan en colores. Colores que tienen sonido. Sonidos que tienen colores.

Beirut me da ganas de estar mareado. ¡Mareado!

Se me da por pensar en los hilos imaginarios que nos separan y unen, que se estiran y se acortan. O se cortan, y se pegan, y dejan baches, y dejan baches. Al menos quiero tenerte como un bache.

Ganas de perderme como antes, en un libro, cuando las tardes eran suficientes para esconderme.

Nada es suficiente.
.
.
.
Beirut-beirut-beirut...(B)

Leer más...

lunes, 19 de julio de 2010

Sirena de río (versión chacra xD).

Tavo (estrenando su nuevo color en el blog coff coff) eligió la canción, yo, Wingerr, tenía ganas de cantar cualquier cosa, y Nádroj se dejó llevar (apatía dirigible e influenciable u_u). Así que salió esto, aunque antes grabamos como 2 ó 3 veces. Igual, como decía Nádroj: "es un video casero, con esa cámara no vas a esperar a hacer algo pro!", y yo me preocupé, por el corto que no será pro (que seguro de nuevo lo postergamos para el otro año, y así).

Bueno, aquí va:

Leer más...

 
Template by: Abdul Munir