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lunes, 28 de noviembre de 2011

La canción-test de Clarita

Clarita solía dar largos paseos por el Eixample barcelonés, particularmente en las tardes más frías y soleadas de diciembre, que era cuando las piernas se le entumecían y los pasos le salían tiesos y patosos, que era como le gustaba caminar.

Escondía el cuello debajo de una bufanda atigrada y, con las manos resguardadas en los bolsillos de la gruesa chaqueta marrón, se paseaba mirando los balcones de los edificios, los diseños de sus ventanas y algunas senyeras; aunque siempre agazapada en su mundo interior, un ático bien adornado con melodías y órdagos enredados en las vigas del techo, aunque abstracto, amoblado con un par de oscuros baúles, un catre enclenque sepultado bajo numerosas mantas tejidas y una ventana amplia que da a un cosmos negro e infinito, con su alféizar y su macetita de gardenia a punto de despeñarse.

Pensamientos tristes, tristes, y luego alegres, alegres. El ático cambiaba de iluminación con una rapidez impresionante, como el día y la noche acelerados en treinta segundos. Clarita padecía de un temperamento bipolar, pero uno de verdad, molesto e inoportuno, no como cuando alguien te suelta de broma: «Oye, hoy me siento muy bipolar, jaja». Imbécil.


-¿Qué te estás estudiando, caramelito? –le pregunta el trotador que, corriendo su sitio, la pesca bien instalada en una banca hermosa que hay en el paso de peatones de la Gran Vía.

-A bichos raros como tú, ¿por qué?

Si algo le activa la bipolaridad a Clarita es que la aborde un palurdo todo sudado y con los auriculares del ipod chillando una música hedionda.

Intercambian sonoros insultos y finalmente el afanador se aleja con el ego reducido y las piernas inusualmente rendidas.



Clarita lee Súper Pop; tiene la mirada fija en una fotografía de Edward, el vampiro, todo blanquiñoso y ceñudo, sacando morrito en plan ¿Quién podría estar más rico que yo? A su lado, la hermosa Bella se aferra con fuerza a su pecho, como si una jauría de hombres lobo los tuviera rodeados. Atrás, por último, se aprecia un bosque de altos y misteriosos pinos, cuyas afiladas cimas parecen querer pinchar a una redonda y enorme luna, que domina un cielo particularmente claro.

La joven, bipolarísima:

-Pero qué tal subnormal, ¿cómo es posible que las adolescentes caigan rendidas ante semejante mongoloide?

-Pero míralo, Clara, mujer… Tú y yo sabemos muy bien que adentro de esa boquita tuya se está gestando la esencia de una salivita simbólica.

-Ay, eso es porque me olvidé el bocadillo, y tan solo con recordarlo…

-Mentira, nena. Yo sé muy bien lo que se cuece allí dentro de ti, en lo más hondo. Yo sé que…

Pero llegó Habichuela.

Un chico flaco y con el pelo negro, aplastado debajo de un gorro andino tejido con lana gris, uno de cuyas largas orejeras colgaban unas bolas de felpa que le conferían un aire tan inofensivo que rallaba en lo absurdo.

Clarita le echó un vistazo apartando apenas los ojos de su revista. El lado accesible de su bipolaridad había ganado la partida, así que, momentáneamente, al muchacho nadie lo mandaría a la mierda sin despeinarse.

-Amiga, disculpa ¿sabes dónde queda plaza universidad?

Llevaba en las manos una caja no muy grande envuelta con papel de regalo rojo, un lazo y una tarjetita.

-No –mintió ella-, ven aquí, chico. Siéntate.

Desplazo su mochila de la banca para hacer un poco de espacio. El chico se encogió de hombros de una manera tan disimulada que nadie podría haberlo notado, acto seguido, se instaló al lado de la joven.

-¿Te gusta la buena música? –preguntó la muchacha, sacando su iphone 4 y unos auriculares blancos de diadema, de alta resolución.

-Hombre, como el que menos.

-A ver, escucha esta canción y dime qué tal… ¿cómo te llamas?

-Habichuela.

-Vale, Habichuela, toma.

El joven se las arregló para montarse los auriculares en los oídos sin tener que sacarse el gorro andino que tan perfectamente le iba a su look. La realidad era que tenía el cabello sin pasar por agua un buen puñado de días, básicamente por el frío y la ausencia de gas en casa.

Adentro de sus oídos un bajo y un teclado setentero empezaron a dar botes armónicos contra sus paredes acústicas. Al rato, se sumó la voz de un hombre y luego la de una mujer, cantando juntos y llenándolo todo con una sensación tibia que aunque entraba por sus oídos, bajaba hasta acumularse en su pecho como una enorme flor de largos pétalos.

Habichuela miró a la chica y vio que era linda, así, solamente linda, utilizando deliberadamente esa palabra tan corta y manida; pero la sazonó un poco:

-¿Sabes? Eres críticamente linda.

Clarita echó una sonrisa muda. Se llevó un dedo índice hasta una oreja y le dio toquesitos repetidos, como quien dice: «Escucha, primero, luego hablas tus huevadas».

You are the sunshine of my life,
That’s why I’ll always be around.

-Ésta no es la versión de estudio –comentó Habichuela, sin dejar de menear la cabeza al son de la melodía.

-Obviamente –contestó la chica-, es de su concierto en el Rainbow Theatre.

-¡Qué crack! -Habichuela parpadeó y empezó verla con ojos renovados.

-Deberías conocer mi ático, está todo lleno de vinilos de Stevie.

I feel like this is the beginning,
Though I've loved you for a million years.

Habichuela se quitó por fin los auriculares y volvió al sonido de la avenida, principalmente dominada por el ruido de los coches y las motocicletas que atravesaban la Gran Vía. De fondo, las voces de los barceloninos, en familia, preparando las compras navideñas o paseando entre los puestos de churros.
Al final, le devolvió los auriculares a la joven. Por allí ensayó una sonrisa.

-¿Vives en un ático?

-Mmm... es difícil de explicar –le dijo Clarita, menos bipolar que siempre.- Quiero hablar de Stevie...

-Fantástico.

-...y de las probabilidades de que conocieras mi canción-test.

¡Clic!, sonó, en alguna parte, un enorme candado abriéndose al contacto de una llave precisa y minúscula.

Antes de contestar, Habichuela recordó vagamente, como con el rabillo de su mente, que tenía una cita en el Starbucks de plaza Universidad. Vagamente, alguien que lo esperaba amontonando bolsitas de azúcar, tamborileando los dedos sobre una mesa. Vagamente, la sombra de un rostro, el eco de una voz y la innegable relación de aquello con la caja envuelta en papel de regalo, reposando a su lado, a un movimiento de vista.
Y, por último, vagamente, el evoco de algún discurso contenido y esperando en la punta de la lengua, tibio y listo.

Pero apartó todo eso de su cabeza y se concentró en la chica que estaba a su lado; Clarita, se llamaba. 
Linda.










Nota irrelevante del autor: mi canción-test es y será siempre From the morning

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lunes, 10 de octubre de 2011

Relato cien por cien barcelonino

Ernest Descals-Pintor

Unos guiris miraban su guía de Barcelona, qué equipados para el viaje, con una guía ya la rompen, definitivamente. Míralos, sabiendo de Gaudí más que los propios barcelonenses. Qué bestia con la información del cuadernito. Su peso en oro, Darling. Sí y se enteran de cosas como por ejemplo sabías que los cuatro primeros ladrillos de una masía se colocaban dos con  una mano derecha y dos con la izquierda, para buen augurio de equilibrio y bonanza. Y mi colega Arnau Palafrugell se rascaría la cabeza con dos dedos de la mano, ni enterado, y eso que sus abuelos ayudaron a levantar Catalunya. Sangre sudor y lágrimas. Le dije: cómo no lo sabías, Arnau!, malditas guías, no hay derecho. Los turistas enterados de cada detalle pendejo que hay en esta ciudad. Que si Passeig de Gràcia en la guerra civil, que si el comte de Urgell en su lecho de muerte en su castillo. Que si Gaudí muerto por el tranvía (esa sí que me la sé). Y van felices de la vida por las ramblas, los guiris. Claro que su guía nuevita y reluciente nunca les dijo, por ejemplo, que por las ramblas hay un gran surtido de carteristas. De todas las nacionalidades y credos. Y luego se tienen que pasar media mañana en una comisaría del casco antiguo sentando una denuncia de robo, mitad en inglés, mitad en castellano. Darling, fucking guide. Thieves in las Ramblas, that’s a basic fucking tip! Y más respeto que los abuelos de Arnau levantaron esta fucking ciudad, y ni les cuento, guiris, que en sus tiempos había pistoleros por las calles, rollo wild west, y asaltaban las diligencias y luego mataban al gobernador, disparándole a quemarropa, porque, ya que estamos, también eran anarquistas militantes de unos apasionados partidos. Y al cadáver ni le robaban ni nada, porque el acto de matar políticos es, con todo, una de las cosas más políticas que existe. A lo mejor se cobraban las balas y el heno de los caballos, nada más. A lo mejor. Pero tiempos revueltos aquellos y ni si quiera hay que remontarse mucho. Menos de cien años, chico. Cuando los abuelos de Arnau estaban por allí derramando sangre, sudor y lágrimas por doquier. Incluso los cogieron de prisioneros durante la guerra civil, malditos falangistas y los tuvieron meses, días y noches espantosos en una celda con ratas y un poco de paja y una ventanita en lo más alto de la pared, donde de noche la luz clara de luna se proyectaba sobre el piso de la celda y, ya que estaba, invadido por la nostalgia uno de los abuelos de Arnau se ponía a rememorar sus años de chico cándido correteando por la masía de su padre, trabajando la tierra, yendo a la escuela para ser un hombre de bien y, los domingos en Barcelona, habiendo viajado un día a caballo, desde Lleida, se veía entrando a la tienda de las golosinas. La gloria. Con tantos chuches se le hacían los ojos como platos, al chavalín abuelo de Arnau. Compraba una enorme paleta de fresa y se iba a corretear por la incipiente plaza Catalunya, entre las palomas. Cuando las palomas eran guays, por supuesto. Es decir, hace mucho tiempo. Porque ahora no me parecen más que una bola de parásitos con alas que no lo dejan sentarse a uno en su banca preferida cada vez que va con su libro a leer, sintiéndose de lo más culto. 



Pero no nos apartemos del tema. Los recuerdos despiertan la nostalgia en uno de los abuelos de Arnau y así se lamenta: “mala sort la meva, noi, quina mala sort”.  Y, como lo escucha parlar en catalán, el carcelero va y le cruza la cara con un certero puñetazo. Tremendo hijo de puta, el carcelero. Y más todavía el Gran Hermano de Franco, que se lo ordena desde algún lejano frente de guerra. Afortunadamente los abuelos de Arnau (que por entonces eran amigos y no sabían que sus hijos se casarían y engendrarían a su nieto) logran escaparse de la celda una noche, producto de un plan elaboradísimo que entre otras cosas incluyó ganarse a las mujeres de los guardias y agenciarse con serruchos, martillos y cinceles camuflados en sendas tartas de manzana y calabaza que las catoliquísimas mujeres les ofrecieron por caridad. No. Eso sí que no te lo creo, chico. Pero qué va. Seguro que los abuelos de Arnau les dieron trámite. Si sabes lo que quiero decir. Eran un par de pícaros. Aunque no sé cómo, la verdad, porque esa parte, y la del viaje de retorno a la querida Catalunya, es de lo más oscura e imprecisa. El abuelo de Arnau no me lo quiso contar, malvado. Me dijo: “Peruanito (con cariño) hi ha coses que me les portaré a la meva tomba”. Y allí se jodió mi novela. Yo creo que en el fondo no me quiso ceder los derechos, especialmente cuando supo que más que comprarlos, yo los quería en calidad de préstamo. Y Arnau me dijo: pero si tengo al otro abuelo. Y yo le digo: tío, que el otro tiene Alzheimer. Me tiré cuatro visitas de dos horas en el geriátrico, en plan García Márquez, y al final no le saqué más que disparates. Y luego de un mes voy y le digo a mi colega: Arnau, pero aún puedo escribir la novela con tu nombre. Sólo saca de la caja fuerte las memorias inéditas de tu abuelo. Y el maldito de Arnau que va y no me contesta el correo electrónico y una semana después sube al facebook fotos de sus vacaciones en Bruselas con un montón de gente guay. Sangre, sudor y lágrimas, tachando, claro, la primera y última palabra y dejando bien recalcada la de en medio. Sudor. Qué bestia Arnau para bailar con esa chica recontra uff en sus fotos del facebook. Debía hacer muchísimo calor. Sudor, sudor, sudor, sudor. Oye y si algún día te visitan en la ciudad, porfa, diles lo que no dicen los libros turísticos de Barcelona. Diles que en las Ramblas hay carteristas, tío. Que a los pobres guiris esto nadie se los cuenta. Benditas guías. Y luego se tienen que pasar media mañana en una comisaría del casco antiguo sentando una denuncia de robo, mitad en inglés, mitad en español. Como éstas que están a mi lado, por ejemplo, esperando el metro como yo. Seguro que tampoco nadie se los ha dicho. Y eso que se ven de lo más simpáticas.
-Excuse me, sweetheart. Has anyone told you that there are thieves in las Ramblas?

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lunes, 6 de junio de 2011

¿Un champancito, hermanito?

Título de la entrada en alusión a un sesudo artículo escrito por MVLL donde el tipo se devana los sesos dándoles vueltas a la facilidad que sus compatriotas tenemos para la huachafería.





Ella tenía unos ojos azules para morirse y un misterioso gin tonic en la mano derecha, en alto, como respirando. ¿Los gin tonic también respiran o eso sólo es con el vino? No lo sabía, pero el caso es que esa bebida seguía bien alta, de lo más interesante e insolentona. ¿Cómo un gin tonic en alto puede resultar tan ofensivo? A saber. Era algo que no terminaba de descubrir, aunque sospechaba que en ello algo tenían que ver los ojos azul caribe para morirse de aquella chica. Morirse literalmente, y ahogado para colmo. Digamos que le daban muchas ganas de que fuera domingo y él dispusiera de un botecito blanco en el que salir a remar y perderse en esos encantadores ojos caribe, a muchos metros de la costa, bien lejos de España. Aunque el mediterráneo tiene mucho de azul, pero manchosito. Se ve desde el avión: un azul inmenso mancillado por formas oscuras que subyacen sobre la arena, oscureciendo la superficie marina hasta niveles desilusionantes. Por eso el símil de sus ojos no procedía con el mediterráneo.


Ella le dijo: “Me lo preparé con ginebra Bombay Sapphire, ¿sabes?”. En su mente, bien peruano, él contestó: A la mierda. Como diciendo: “No tengo idea de qué se le responde a eso”. Así que, sin tener otra opción, procedió a fastidiarlo todo: “Lo cierto es que de cerveza nunca he pasado en toda mi vida, Marta”. Y como si no hubiera sido suficiente, añadió: "En Perú hay gente que nace y muere sin haber probado en toda su vida un solo gin tonic, es más, sin siquiera haber tenido uno en cien metros a la redonda".

Pero mentira, eso de que de cerveza nunca había pasado. Sucia mentira. Bien que muchas veces se había volado la cabeza a base de tanto beber vino de cartón Don Gato, llegando incluso hasta el punto de ponerse a bailar solo. Varias veces su cuerpo convaleciente, tras la vomitada respectiva, le había dicho: “Con el vino Don Gato no se juega, mi cholo”. Tremenda basura el vino de cartón. De lo más vulgar que uno puede concebir, además del cañazo, pero eso es en Perú, y con el cañazo no te metas.

Marta le sonrió eternamente, y sus ojos marinos le dijeron: “No me he ido como alma que espanta la simplonería, nada más porque tienes un buen puñado de cosas que me encantan”. Y se quedó allí con él, amándolo mientras le explicaba, peruano idiota, en qué consiste un gin tonic y qué rayos es un Bombay Sapphire (marca cara de ginebra).

Y en vez de callarse, él dijo: “¿Marta, no te parece un poquitín huachafo ponerle Bombay Sapphire a una marca de ginebra?”.

La chica le respondió maternalmente que en realidad ése era un nombre divino. Y él asintió para siempre, ignorándolo todo sobre los misteriosos mecanismos del buen gusto.
Idiota.

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lunes, 16 de mayo de 2011

Qué días (II)

1. cómo es posible, que de tres relatos empezados solo haya terminado uno, uno!! . En momentos como éste me viene a pelo la frase de Don Ramón: ¿Luego por qué te pega uno, Chavo??

2. cómo es posible, que mi firme determinación de correr como un tigre y hacer del ejercicio una adicción (a lo Henry DeTamble) se esté yendo por el garete. Maldito estrés. Condenada voluntad. Paulo Cohelo, me mentistesss: el universo no conspira.

3. cómo es posible: no sé si..., bueno la verdad es que no, pero a veces..., y si hacemos el balance adecuado resulta que...., pero esto no es asunto de...., nunca seré tan íntimo as wingerr. Lo siento, al menos lo intenté. caray, Get yourself another fool

4. cómo es posible: que me niegue en redondo a estudiar para este examen . Ya sabemos que de eso no saldrá nada bueno. Pero afrontar las adversidades con estoicismo es una de mis pocas cualidades.Conciencia: Estudia, babosazo

5. cómo es posible: que los del fucking   facebook no pongan el botón de no me gusta? La gente escribe tantas cosas susceptibles de un "no me gusta" en toda la cara. Incluído este blog, pero nosotros tenemos el botón de calificar entradas, donde si no te gusta le puedes dar 1 punto. Jajaja, pero nunca en negativo. Somos listos(esto es un enlace). 





*Cómo nos encanta resumir nuestra vida actual en unas cuántas quejas, ¿no me creen?: mirar aquí http://bit.ly/mF60zC   y aquí: http://bit.ly/lnvYfe
*Esta entrada abusa de las negritas, resaltadores y marcas en pos de facilitar la lectura. Aunque en realidad, sospechamos que la entorpece.

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lunes, 7 de febrero de 2011

Todo tan romántico


Bueno más o menos yo no sabía si acostarme, llegado a este tipo de citas la verdad es que no sé bien cómo actuar, porque son cosas nuevas para mí y solo me preocupa caer bien, mientras que por otra parte la incertidumbre me tiene abierto a todo. Me explico, si siento cansancio, no digo nada; yo soy capaz de aguantarme, aunque a ella le gustaría que le hiciera saber cualquier incomodidad. Dijo, "porque después te puede estar doliendo la boca todo el rato", casi sin acento. Apenas se podía notar que el inglés era su primera lengua. Luego, se ponía tan cerca de mí, al alcance de un beso. Esto puede resultar tan romántico, pero cuánto me cuesta adivinar los pasos que me toca dar, ¿hablo?, pero si no puedo. ¿Sonrío?, tampoco, no me alcanza. Eso sí, hago una señal de "todo ok" con el pulgar de la mano izquierda. Y cuando no vamos tan bien, le digo que más o menos, oscilando en el aire la palma de una mano. 

Gotitas de agua me mojan las gafas, pero no me atrevo a limpiarlas, aunque no importa porque ella tiene unos ojitos verdes también gafeados, y correspondientemente mojados en sus cristales. Se aleja y yo miro a todas partes con los ojos. Me explico, miro a todas partes sin mover un músculo, salvo los músculos oculares, que son los que tengo que mover, entonces recuerdo que hay buena iluminación en el cuarto. Ella vuelve y se pone a la distancia de un beso. Digo, ¿rayos, será así siempre? Debe ser, quién sabe, en todo caso soy pésimo para interpretar cualquier tipo de señales, incluso las de humo.

Abro la boca, ella se acerca, tan próxima... aunque lleva mascarilla, por supuesto, no espero un beso; aunque todo lo sugiera, y todo también lo niegue. Eso sí, parece que se me va a meter de cabeza en la boca. Introduce los dedos, casi las manos; le digo mentalmente: "cuidado te me caigas adentro". ¡Qué se va a caer! Debe hacer esto treinta veces al día. Más bien saca unos alfileres y me los mete dentro, aunque yo no veo cuán dentro. Me pincha por allí y ni me entero, salvo el roce. "¿Duele?", dice ella. No puedo hablar ni sonreír. Aventuro un sonido gutural "ghwru grhwu", eso quiere decir que no. A veces le digo que no con la mano, para que no piense que tengo pocos recursos comunicativos.  

Al final no hubo beso, sí dolor, poquito. Nos despedimos y ella sonríe, mientras que yo soy incapaz de interpretar ese gesto. Le digo que a lo mejor vuelvo otro de estos días: 
Me queda una caries pequeñita, que no es tan urgente.

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martes, 16 de marzo de 2010

...What????...

Lo habían soñado.

Lo habían deseado con todas sus fuerzas: cantar para millares.

Habían cantado en su país tantas veces, pero nunca para tantos.

Erwing a la batería, claro que tenía canciones propias, Jordán a la primera guitarra y segunda voz, Tavo a la segunda guitarra y primeras voces, RosaLin la voz principal y a veces primera guitarra, Iván iba a la percusión segunda: sonajas, caja china, palo de lluvia, platillos, xilófonos, etc. Eric a la combinación de sonidos, es decir una especie de Dj, Emily, Antonella y Steýfer a los coros. Valeria hacia el bajo. Rosaliz y Tania se encargaban del vestuario, Matilde de la organización, distribución y marketing. Karen H. del asesoramiento legal en países bajo su jurisdicción (para que no hayan irregularidades en la distribución del dinero), Salima en lo concerniente a búsqueda de nuevos conciertos, contratos y donaciones y el resto que no he nombrado eran fans que viajaban con el grupo.

En fin, todo organizado, todo como los grandes.
Aquella noche en Londres el mundo se unió en un solo sentir, en un solo latir, en una sola pasión; el grupo tocaría para 900,000 personas.
Una canción lo había elevado a la fama y después, una tras otra las canciones los hacían escalar mas; sus fotografías, discos, polos estaban en todas partes de la ciudad, en todos los países, ciudades y porque no, planetas.

La prensa los consideraba uno de los grupos más exitosos de la historia y era peruano.
El escenario era enorme, los efectos de luces y humo eran impresionantes, las guitarras, batería y todo instrumental era nuevo, todo era perfecto.

Ese sería el primer concierto de muchos que vendrían, y todas las entradas ya estaban agotadas para dos años de presentaciones.

Lisboa,Ottawa,Madrid y Barcelona,Lima,Buenos Aires,Brasilia,Un concierto a beneficio por el terremoto en Chile,Mexico,Washington,New York y Atlanta,Roma,Estocolmo,Montevideo y Caracas, Wellington y Tokio, etc.

50 canciones en español,30 en inglés,14 en francés,6 en japonés y 1 en coreano; dos música electrónica pura,3 en metal total, y el resto repartido entre rock normal, pop, románticas y de todo gusto de la producción, cantantes, músicos ,organizadores, etc.

Los camerinos eran de lujo, había de todo para relajarse antes del concierto, para comer, leer…de todo.

Ya estaban vestidos, preparados y concentrados.Pero faltaba uno, el más “figurety”.

Jordan había dejado las concentraciones para firmar autógrafos y regalar polos y algunos abrazos de artista famoso, fotos…
El de producción tocó la puerta del camerino, 2 minutos para el momento esperado…y pasaron y
volvió a sonar la puerta, ya era hora.
Todos en silencio caminaron a los extremos del escenario, las luces se apagaron y público explotó, la voces el ola iban y venían, era una alboroto total.

Tomaron sus posiciones.

El baterista comenzó probando, el público alzó la voz; la batería no se detenía, el público desesperaba.

Jordan empuño la guitarra y dibujo unas notas, el público ya no podía más, el escenario temblaba, el público gritaba más.

El escenario volvió a estar en silencio, el público bajó el sonido para recibir a la banda.

Y todo comenzó, la banda tocó; 2 horas de todo lo mejor que tenían: Calificativo, el mejor concierto de la historia.

Hermosa noche para concierto, noche azul, despejado, con luna en 4 menguante y estrellas en el cielo y otras haciendo música.

En eso, de la nada Tavo escuchó un sonido intermitente, parecido a un bit bit bit, parecido a un reloj despertador, miró a los lados y no halló nada, pero el sonido se hacía más fuerte; en eso sus manos le pesaron, cayó de rodillas en el escenario y su cuerpo se balanceó al tabladillo, cuando estaba por golpearse la cara contra el piso despertó.

Tendido aun en su cama el despertador le indica las 5 de la tarde, con el DVD portátil en su cama, había quedado dormido viendo el último concierto de Maná.
Rió despacio, comprendió que había sido solo un sueño, pero aun con la sensación de haber estado allí, en un concierto en vivo y en directo. Intentó poner los pies en el suelo, cuando se vio cayendo otra vez, pero en este momento de la cama. Sus pies habían quedado enredados en los cables del DVD. Cuando su rostro estuvo a unos 10 cms de tocar en suelo de un golpe, despertó desnudo en el salón de Anatomía. Todos lo observaban y el no podía hablar, o moverse; en eso escuchó decir al Doctor: Haremos demostración de cómo es que queda un hombre acuchillado, quiero que se pongan los lentes porque la sangre puede salpicar a los ojos, este es un muerto fresquito y veremos qué pasa…En eso, levanto el bisturí como un puñal y se lanzó sobre su abdomen y en eso, despertó por fin.

Estaba sentado frente a Rosalinda y Erwing en el micro camino a Salaverry.

-Tavo, ¿estás?-dijeron
-Sí- respondió-¿dónde vamos?-
-dónde vas tú, dirás-
-¿Yo?, ¿y ustedes?-
-Te vendimos como esclavo a los turcos-
-¡¡¡¿Qué?!!!-gritó
…y no se supo más de él desde ese momento…

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sábado, 29 de agosto de 2009

Nadrojito destrujillado y desoctaviado


Otra vez en Barcelona, y no debe tomarse como un: oh, miércoles, otra vez en Barcelona; sino más bien tómese como un : ya pes, otra vez en Barcelona, qué se le va a hacer. Así está mejor y tómese luego, con el paso de los días como un: Chévere otra vez en Barcelona, pero sólo al cabo de unos días.

El viaje en avión tuvo aburrido, suerte que bryce escribió un libro muy bueno y lo puso a la venta hace muchos años antes de que yo naciera, y entonces un señor en trujillo lo compró y luego se murió. Ya muchos años después la viuda no sabía que hacer con el patrimonio cultural de su difunto así que le dio por regalarlo: enciclopedias, novelas, guías turísticas y harto vinilo. Suerte que mi viejo es cachivachero y la conocía a la vieja y se cargó con todo el patrimonio y lo puso en mi cuarto, consiguiendo así que tanto libro junto me diera una alergia de miércoles, por eso durante lo siguientes días en Trujillo fui un mocos machine, eso hasta que me desmayé y como que hubo que ponerle punto final a la cuestión con harta pastilla. La cosa es que entre tanto libro viejo estaba el el hombre que hablaba de Octavia de Cadiz y muy chévere, muchas risas y mucho: qué bestia este escritor para escribir tan bien y tan gracioso, y se nota que es muy listo.

Bueno, ahora tengo que estudiar, pero con este sol, mejor tengo que pensar en Trujillo y justo con estas ganas, por eso tengo que escribir las cosas antes de que se me olviden, porque como quien no quiere la cosa, los detalles se van perdiendo, los diálogos, los recuerodos y las imágenes, pero no puedo porque tengo que hacer algo que no hago y como no lo hago tampoco hago lo otro, y entonces: deja vu.

Y este blog no se muere. Nomás entra en coma.

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jueves, 16 de julio de 2009

le dije a Winger: Winger, hoy me apetece escribir sobre mi vida en Trujillo


Wingerr me dijo: eso hay que leerlo (mentira, se puso hablarme de otras cosas)



No hay que leerlo, hay que vivir Trujillo, Wingerr, sino no se me entenderá ni papa, hay que vivir en Trujillo para entender la vida en Trujillo, bueno, ya sabes, tú eres medio ascopano, eso que ni qué, pero acá has vivido más años. Y yo también, salvo la gran parte de los últimos dos años y meses, que más los he vivido en otro sitio, y es chévere. No me malentiendas pero extraño Barcelona. De verdad sería bien mongol si no la extrañara, con lo guapa que está Barcelona, siempre bonita y también con sus zonas pirañas, pero allá no se dice piraña, se dice otra cosa, se dice casco antiguo o a lo mejor no. Pero no quería hablar de Barcelona (que la extraño, sí, no hay duda), quería hablar de Trujillo, que es muchas cosas en mi cabeza.

Trujillo es la plaza de armas, Trujillo es Chan-chan. Trujillo es mi primo sacando en 8 años una carrera de 5 (cosas que tiene la UNT). Trujillo es los choros de Monserrate que me robaron las zapatillas en mi primera noche en mi barrio nuevo (malditos choros), Trujillo es muchos recuerdos, recuerdos falsos, como mi recuerdo de cuando tenía 2 años y el chancho del corral me correteaba por la casa de mi abuelita. Recuerdos verdaderos, pero en fin. Yo no quería hablar tanto de esto, aunque me apetece, pero más me apetecía comparar mi vida de Trujillo con la de Barcelona, pero no me atrevo. No sé.
No me atrevo. A ver, trato:
Barcelona, te extraño.... pero puedo vivir con eso.

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