No escribiré tu nombre. Sabes que hablo de ti: la chica de tercer año que se alzó entre el montón y se resistió a conocernos, rehuyó de nuestras miradas, nuestros nervios de adolescentes. Una tira de vagos te perseguían y te alcanzaron, hasta ahora, que ya no somos vagos: Te rodeamos y permaneciste inmaculada. En lugar de corromperte, nos iluminaste, nos cambiaste, saliste victoriosa ganando a tu escolta.
Y ahora... que el vínculo externo (e intenso), que te unía a nosotros, se ha roto, no queda más que sujetarte, sostenerte, protegerte. ¡No corras! No te pierdas. No vayas con ellos, con otros, con otra gente.
Eres fuerte, aunque te quiebres de vez en cuando. Eres alegre, aunque las lágrimas te broten muy rápido. Eres luz... aunque la oscuridad te cubra (y no te apague).
Aruzlud, sonríe. Salta. Danza. Actúa, como lo has hecho anoche. Deslumbra...
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jueves, 24 de diciembre de 2009
Aruzlud
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