Hermosa. No. Preciosa. ¡No! Es algo más..."muchacha de cabello oro y tez rosada", o, "muchacha de los ojos bellos, la mirada dulce, la sonrisa...¡la sonrisa!" ¡No!, ¡No!, ¡NO! Ella reta toda mi capacidad descriptiva, narrativa, creativa. Ella se sienta en esa mesita, en aquella sala de lectura, e inocentemente desbarata mi inventiva. Ella es... ¡Eso es! No hay descripción más precisa (y justa) que ella misma. No la puedo reemplazar. ¡Dios, no la puedo reemplazar y ni siquiera la tengo!
Quizás no esté siendo objetivo. No. Estoy seguro que ya no soy objetivo. Pero, ¿quién podría serlo ante semejante aparición? Para ella, o mejor dicho, por ella, lo objetivo se torna subjetivo, lo particular se vuelve general. Ella es y es. Estoy seguro.
No le hablé. La tuve en frente y no le dije nada. No quise corromperla, malograr esa imagen. Serás un paisaje eterno que siempre querré conocer. Volveré al lugar detenido donde me brindaste tu presencia, y observaré, una vez más, cómo pasas las hojas, cómo te arreglas el cabello, cómo frunces el entrecejo. Pero, más que eso, ¡cómo miras de reojo a este muchacho rojo, detrás de su pequeño libro!
Por favor, quédate ahí. Quédate y déjame verte. No quiero más, no pido más:
Ignórame todo lo que quieras.
Quizás no esté siendo objetivo. No. Estoy seguro que ya no soy objetivo. Pero, ¿quién podría serlo ante semejante aparición? Para ella, o mejor dicho, por ella, lo objetivo se torna subjetivo, lo particular se vuelve general. Ella es y es. Estoy seguro.
No le hablé. La tuve en frente y no le dije nada. No quise corromperla, malograr esa imagen. Serás un paisaje eterno que siempre querré conocer. Volveré al lugar detenido donde me brindaste tu presencia, y observaré, una vez más, cómo pasas las hojas, cómo te arreglas el cabello, cómo frunces el entrecejo. Pero, más que eso, ¡cómo miras de reojo a este muchacho rojo, detrás de su pequeño libro!
Por favor, quédate ahí. Quédate y déjame verte. No quiero más, no pido más:
Ignórame todo lo que quieras.
