Tengo un amigo. Su novia siente potitos de bebé sobre los labios cuando le besa y tiene que hacer un gran esfuerzo para acordarse de que son sus mejillas: “primero, te quiero igual…” Pero él dice “ya ya, no me consueles como a desconsolado, yo tengo la certeza de que el próximo año, puede que, tiene que.”.Y así dice, desde el colegio:
“Mi papá tiene harta barba, mi abuelo materno es medio lampiñín, pero algo tiene, y yo todavía. Además por genética, leyes de Mendel que me aprendí el primer año de cole, proyecto ridículo sobre loritos australianos.” Así dice, y luego se pone a estudiar los tipos de barba que le gustaría que tener: “Mi amigo A tiene barba del tipo árabe del desier
to, o sea que medio ensortijada y gruesa…me recuerda al alquimista”, y se ríe. “Mi amigo B tiene barba de vaquero, de dos o tres días, hasta que encuentra un pueblo con su respectivo barbero. Lo malo que luego ya no puede encenderse los cerillos sobre la cara, no puede hacer la fricción.”
Y al final, acaba por categorizar los escasos ejemplos que tiene a mano catalogando la última, es
a barba que nunca jamás, ni loco. Es la barba de su amigo C: Recontra chancrosa. Esa barba crece como le da la gana, sobre lunar, sobre el acné, debajo de un ojo, sobre la ceja, en la nariz, y por la frente. Siempre en densidad de uno o dos pelitos por centímetro cuadrado.
No, definitivamente él quiere la barba tipo B, la de vaquero, que por cierto también la lleva(aba) su viejo.
“El otro año quizá, puede que…tiene que.”
