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jueves, 26 de mayo de 2011

Irracional

Era miércoles y me iba a ver con mi enamorada. Eran las siete de la mañana, e indudablemente me había olvidado de nuevo que a esas horas no era buena idea sentarse en el último asiento del micro; pero ahí estaba, preguntándome cómo haría para salir. Suspiré, resignado ante la idea, y empecé a caminar por el pasadizo cuadras antes de mi paradero, cada paso dado con todo el peso de mi cuerpo encima. Ya por la mitad, me di cuenta que dos tipos se hicieron una seña con la mirada. Quizás hablaban de mí, pero no le di importancia. Seguí caminando, haciéndome paso con mi maletín. Primero pasé al tipo vestido con ropa deportiva. Pero no pude pasar al otro. Justo cuando el micro se detuvo donde tenía que bajarme, el otro tipo, que iba de terno, se agachó a recoger una moneda y se cayó sobre mí, evitando que continuara. Lo empujé, lo empujé, y fue inútil. El micro otra vez reanudó la marcha. Por un momento pensé en golpearlo, pero mi cerebro hizo sinapsis y me detuvo. Una sinapsis paranoica y descabellada: “!!!” Instintivamente me llevé la mano al bolsillo: ¡mi celular no estaba! Volteé y me choqué con la mirada del de gorra, miré por un microsegundo su rostro y después sus manos, ocultas por la chimpunera. Me lancé sin pensar. Empecé a rebuscar entre sus cosas, haciendo fuerza para que me mostrara sus manos. Y sí, debajo de un trapo o chompa encontré mi celular. ¡Se lo arranché sin dudarlo!, y de nuevo le miré al rostro: “Se te había caído”-me dijo, con una voz de niño arrepentido.

Me bajé a la cuadra siguiente, avisándole al cobrador de esos dos choros. En el camino mi corazón seguía latiendo y poco a poco me fui dando cuenta de lo irracional que había sido.

Aunque esta vez ser irracional sí sirvió.

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lunes, 28 de febrero de 2011

El asado I

El recuerdo que tengo sobre haber ido al cine con ellos, con dos de mis mejores amigos en el viejo cine Urgell, hace ya veinte años, la verdad es que me pone enfermo. 




No es mentira. Lo digo de verdad, los amo, pero aquella vez los odié con pasión. 
Y eso que no me considero un tipo listo ni especial, no crean, en realidad pienso que soy muy tarado la mayor parte del tiempo. 
Era así, de los días en los que no me gustaba el cine en particular, y me daba lo mismo ver lo que me pusieran delante, me soplaba cualquier cosa. No tenía estómago. Salvo aquella vez, que nos pusieron una comedia para enfermarse, y yo al principio estuve como bueno, me da igual, acabando la proyección la pondremos a parir. Entonces se empezó a reír toda la sala. Panda de cretinos, dije, no tienen sentido del humor. Hasta entonces normal, pero luego llegó una escena, no la recuerdo bien, así que me inventaré cualquier cosa, la escena era tan mala, que con inventarme lo que sea ya le hago justicia: digamos por ejemplo, que el protagonista se apoya en una escalera de biblioteca y la chica que estaba en la cima, buscando un libro, se le cae de piernas sobre los hombros y ambos, chica y protagonista se la pasan todo el plano balanceándose de un lugar a otro con sendas caras de idiotas. Fue cuando ellos empezaron a reír.
Angelina y Robert se partían recontra cómplices, ignorándome soberanamente, mientras yo los miraba atónito, como bicho intergaláctico. Y ahora los amo,  pero aquella vez los odié con el corazón. ¿Cómo se supone que uno pueda reírse de eso?
Verlos así de contentos, los dos juntos, sin ocuparse un poco de mí me hizo sentir condenadamente solo y enfermo, en especial porque sabía que Angelina se moría entera por Robert, y estar a su lado la ponía loquita. Comedias estúpidas incluidas. 
Era para vomitar.

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miércoles, 29 de diciembre de 2010

algo de ayer

Hablaba la viejecita y hablaba mientras mi tía asentía, en catalán, y poco a poco, un paso atrás, dos, tres, decía con los pies que ya se iba. Por supuesto la historia de la anciana no daba señales de final por ninguna parte, más bien se entrelazaba con otra anécdota lejana que de pronto aparecía por allí, mira tú, como una revista vieja que sacas de un baúl, y cuyas páginas empiezas a hojear y dices, sí, era así, todavía me acuerdo. Así era la viejecita, y ahora estábamos en Perú, nena, vaig tenir por, nena. Fins i tot el guia ens va dir que mai, mai, mai, mai l'avió havia enganxat aquests tombs, així que jo ja no vaig pujar a Machu Picchu, m'ho vaig perdre, peró el meu marit sí que va ser, i tant... 

Mientras tanto yo, pensaba: qué tal memoria la vieja, aquí nos quedamos hasta que remonte hasta sus ochenta y pocos. Igual, como la cosa no era conmigo, solo de vez en cuando en que me miraba ella como diciendo: noi tu també em escoltas? Así que me paseaba por el local con la vista, paso adelante, paso atrás, sin alejarme mucho insolentemente, ni de mi tía, ni del discurso. Aquello era una tienda outlet y la ropa yacía apilada en varios montones sobre las mesas, en algunas cajas hacia el fondo, en colgadores, pero en general como quien dice allí la tenemos, no la vendimos en su momento y ahora hasta casi la regalamos. 

A simple vista los pantalones que vendían en ese local no eran gran cosa, y tenían pinta de que se iban a quedar allí toda la vida; hasta que llegaba mi tía y con buen ojo metía una mano entre el montón más insospechado y ¡toma! sacaba dos pantalones recontra chéveres, que yo decía magia. Preguntaba el precio, y la joven encargada decía: ya te lo miraré, July. Entonces me tocaba a mí mirar la prenda, recontra decidido, con cara de saber lo que quería. Sí, me gusta, me lo pruebo. Los probadores eran como los de El Virrey, o de La zona franca, en Trux. O sea, cortinas recontra sospechosas de transparencia y longitud mínima, bien justas. Ahora, saliendo el espejo, uno de cuerpo entero con la luz medida y recalculada lo justo para que los clientes se vieran papis, sin excepción. Yo también me vi papi, y por falacia, el pantalón también se vio papi. 
Me me lo llevo, dije, recontra papi, a la chica, que acostumbrada a este tipo de falacias luminosas, me asintió, mientras yo me regresaba hipsofacto al cambiador a ponerme mis viejos pantalones negros que ahora casi despreciaba.

Pero, bueno, estábamos en que Paquita se estaba pateando los andes con su marido. Y se me ocurrió desconectar un par de segundos. Cuando regresé al planeta, como quien dice, para ponerme al día del discurso, la anciana que de joven debió haber estado potable  (parénteisis para reírme de la expresión potable, jajaja, qué buena), decía, la anciana de ojos claros, ahora estaba parloteando de ropa. 

De pronto me vino el pensamiento que dio origen a toda esta entrada: ¡cómo me gustaría ser inconscienzudamente sincero, insensiblemente honesto!, y decirle: señora, déjeme informarle de que me está matando. De gravedad, me mata usted, y no me duele contárselo, porque, no se me angustie, una cosa es ser sincero y otra descortés. Sólo permítame abrirle el corazón y decirle que me urge desaparecer de su local, gracias. Por supuesto, por cortesía la seguiré oyendo todo lo que tenga que decir. Éntrele.

Y siguió hablando la desgraciada, a base de pura memoria cristalizada.

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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Treinta centavos


La puerta de la U está cada vez más cerca. Es momento de ponerme de pie y caminar hasta la puerta del micro, mientras rebusco en mis bolsillos por el pasaje. Llego y el cobrador recibe mi moneda de a sol con mala cara. Tiene dos soles en la mano y busca con la mirada a alguien que tenga sencillo. Caigo en la cuenta: la chica que está delante de mí también le ha pagado con un sol y espera por su vuelto, mientras el micro sigue avanzando. El cobrador no sabe qué hacer. Ante su indecisión se olvida de avisar al chofer que bajamos; pero la chica de mi delante tiene la solución: grita, reclama, y el chofer frena de golpe.

“Qué chévere una chica así, ojalá sea bonita”.

A las justas el cobrador recibe sencillo de otro pasajero y le da el vuelto a la chica. Yo bajo detrás, extendiendo mi mano, pero el cobrador deja que termine de bajar y cuando me doy cuenta ya estoy fuera.

“¡¿Oe qué?!”

Volteo a ver al cobrador que se va con el micro y me señala a la chica: “pídele tu vuelto”, me grita. Volteo hacia la chica pero ella ya está tratando de cruzar la avenida. “¿Pedirle mi vuelto?” Volteo de nuevo hacia el cobrador que se pierde, pero logra entenderme, da un silbido tremendo y le hace señas. La chica baja la vista hacia su mano y cuenta el vuelto, sonríe y se acerca: “Ni cuenta, disculpa”. Y me da mis treinta céntimos. “Jeje, casi te quedas sin pasaje de vuelta”. Y se va. Se va dejándome tirado, humillado, en medio de la pista, y lo único que se me da por pensar es: “¡¡es bonita!!”.

Todo el trayecto que recorremos juntos la sigo con la mirada, y en el desvío suspiro.

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jueves, 2 de septiembre de 2010

En una combi! u_u


Hace una semana o un poco más...

Usualmente yo no utilizaba como medio de transporte las combis, ya que siempre me parecieron más seguros los micros =) y porque mi mami me decía de que las combis eran asesinas ajaja, atropellan! Bueno resulta que para ir a clases en el hospital Lazarte en la mañana, tengo que llegar a las 7:30 am, entonces me resulta más rápido ir en combi, que la tomo en la esquina de mi casa =D entonces ya me acostumbre a ir en las mañanas mediante este transporte...resulta que un buen día, yo me subo a mi combi como tengo ahora por costumbre, me siento y saco mis hojitas para repasar antes de mi examen =O! en eso escucho una conversación entre el conductor de la combi en las que estaba subida y el conductor de la combi que estaba a lado dijo algo así como: "oe que por qué has estado hablando asi de mí oe, portate bonito, portate bonito, que voy a sacar mi fierro! ah!" y luego el conductor de la combi en la que yo estaba dijo :S "Cómo que saco mi fierro, pelea como hombre a puño limpio, ahorita pe quiero verte, si queires pelea ahorita pues!" :S:S:S:S entonces yo dije..:O:O me dio mucho miedito, pero me hubieran visto muy tranquila muy serena, atine a decir: "no peleen, porfavor" obvio que no me hicieron casi y creo que ni me escucharon...entonces los conductores se bajaron de la combi y se cogieron a patadas!... yo me puse a orar en mi sitio para saber qué hacer! y en eso el cobrador se baja de la combi y saca un fierro q tenía por ahi y yo me bajé después de él..y me fui hacia la vereda y en ese transcurso me encontré con un policia que ya estaba yendo al lugar de los hechos =D no saben qué paz me dio ver a ese poli, fue la respuesta a mi oración, porque ahi no más ya los conductores dejaron de pelear, no se hicieron daño, ah bueno, creo que les pusieron papeleta, pero bueno se lo merecían por agresivos!, y yo me subí a otra combi =) y di gracias a Dios porque todo salió bien =) Cada día que subo a mi combi para ir al hospital siempre me quedo media atenta a ver si el conductor se habla con otro jijiji y pido paz... paz..!! pero bueno, todo dentro de lo normal...=)
Una anécdota que quise compartir con ustedes =) Saludos y Bendiciones! =P


"Deléitate en el Señor y Él te concederá las peticiones de tu corazón" Salmo37: 4

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martes, 18 de mayo de 2010

Recompensa por los días sin anécdotas: 2 in a row!


Cargaba con las crochetas, las hojas de tela, el molde, la caja... Ayudaba a mi hermana a hacer compras para hacer un pedido especial: una caja de rosas de chocolate. Ya eran la 1:30pm y estábamos apurados porque moríamos de hambre. Era sábado: debía almorzar temprano, descansar un rato, y salir en la noche como siempre con mis amigos del colegio.
Pero el micro no llegaba. El bendito microbús nos estaba haciendo esperar de pie entre los mercaderes, el polvo pegajoso del aire, y el olor nauseabundo de la basura acumulada alrededor. Maldito Mercado Mayorista: choros por doquier.
De pronto, cuando ya estábamos algo nerviosos y paranoicos, el micro se asomó: rojo, blanco y azul, caminaba tímidamente entre el mar de personas que cruzaban la pista, una y otra vez. El micro caminaba como si estuviera en prosesión.
Mi hermana subió primero, y luego seguía yo, si tan sólo no se hubiera acumulado tanta gente para apearse y colado justo después de mi hermana. Woo...esperar, otra vez esperar.
Cuando ya me tocaba, cuando mi turno al fin había llegado de poner el primer pie en el peldaño, alguien me jala por detrás con todas sus fuerzas y me hace caer a la pista de nuevo.

- What the fuuuuuuuckkk??? -pensé, pero bien en alto.

Volteo y observo a un hombre de polo amarillo, barrigón, y alto que me sigue jalando (esto sucedió en menos de un segundo, así que sí, me seguía jalando). Reacciono rápidamente, con el miedo que fluye por mi garganta, y aparto su mano de mí: la cojo y la suelto con toda mi fuerza. Luego subo corriendo al micro, a encontrarme con mi hermana que no sabe nada, y un policía medio webón que sigue mirando por la ventana qué está sucediendo (¬¬ hazte el loco).
Llego a mi casa y disfruto contando la anécdota xD.
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Ya en la tarde, ya casi olvidado lo sucedido hace pocas horas, me voy al cine a ver Robin Hood (Robin the Hood, en english xD). La película pasa volando (a pesar de durar 2 horas y 11 segundos), y ya luego nos vamos a embutirnos con la comida que sobró de la fiesta anterior (quinceañero de la hermana de un amigo). Ñam ñam ñam...ñañao. Ya cuando nos hemos saciado y todos decidimos que es momento de regresar al lugar donde vivimos (?), una amiga y yo tomamos un camino solos, por dos razones: Mi micro pasa cerca a su casa y, alguien tiene que acompañarla sí o sí, asi que camina nomás (además así veo si me aprovecho alguito, juat? xD).
Cuando estamos cerca a la Universidad Nacional de Trujillo, el sonido de un grillo nos persigue mientras hablamos y me doy cuenta que es el timbre predeterminado para la madre de mi amiga. Su mamá habla a través del celular:

- Hijita, ten cuidado, que están tirando bala por la esquina de la casa; pero vente nomás.
- Ya mami -y se dirige a mí-: Vamos =).

Aguanta! -me dice una parte de mí-. Están tirando bala y sólo le dice: ten cuidado, pero vente nomás. ¿Qué cuidados se puede tomar contra una bala? Fueeera. Pero otra parte la mira y dice: camina nomás chibolo, es tu deber, déjala en su casa. Suspiro. Suspiro...Bueno D:
Cuando llegamos a la esquina una patrulla hace bulla mientras dos policías bajan del auto. El papá de mi amiga se encuentra en short y polo blanco observando la escena, aunque me late que su verdadero motivo fue esperar a su hija. Le preguntamos qué ha pasado y responde medio enojado-alterado: "No sé!, yo recién vengo...han estado tirando balazos desde ese auto blanco". Seguimos mirando por unos segundos y entonces reacciono: Mejor métanse ya. Su padre me da la razón y yo me despido, volteo la esquina cuando otra patrulla llega a la escena, y salgo corriendo hacia la avenida a tomar mi micro.

u.u Qué día -me voy pensando.

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