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miércoles, 15 de abril de 2009

La chica converse I (...?)

Au, au… achú. Au, au, se había resbalado en un charco. En invierno sus converse hechas para el sol le entumecían los pies. Alzando la vista, mejor, le dieron muchas ganas de maldecir. Pobrecita ella, y eso que no era linda, pero tenía su gracia. Ya me hubiera gustado a mí contar una historia sobre ella, escribirla. Era dulce, no sé; por si interesa. Me imagino que tenía un novio por alguna parte, pero que de todas formas en aquel momento eso no la hacía feliz. No, y en especial con la lluvia, no. Aunque en algún sitio y desde un balcón aquí nada más, doblando la esquina; podría haber estado un muchacho feliz de la vida y feliz de que esté lloviendo. Y justo por debajo, pasando ella sin enterarse y él tampoco, y aunque así fuera qué más da. No cruzarían palabra, nunca, nunca de los jamases, por más buenos amigos que hubieran podido ser, ojo, aunque eso no me queda claro. Lo que sí es que talvez casi fueron vecinos. En fin. Ella vivía sola, no, mejor con su novio; y trabajaba de dependienta en una tienda de perfumes (o sea que siempre olía rico). Entonces ya sé, salía de trabajar aquella noche cuando le cogió la lluvia, pero ella ya venía con su paraguas. Camino a casa recordó que ya no tenían fideos y pasó por un súper, aunque casi no entra porque recordemos que antes de todo se cayó. Quedó con una pierna estirada y la otra en flexión, como una bailarina en el piso, además de que ya llevaba su tutú de ballet. Cuando terminó de ver estrellitas allstar, creo que furiosa, entro al súper y cogió los fideos más baratos, pagó y se largó. Lástima que se olvidara de abrir el paraguas antes de salir, porque una brisa sopló mientras lo hacía y se le volteó todo, el viento lo arrastró por el suelo y un automóvil le pasó por encima. Maldijo en inglés porque le parecía bien nice y bajando la cabeza vio sus red converse empapadas y casi como si tuviera rayos x, vio la gripe subir desde sus tobillos a lo largo de todo su cuerpo hasta embotarse en su nariz: ¡Achú!

Sí, creo que esto último fue lo primero de lo que me enteré cuando intenté contar sobre ella. Y me imagino además que en algún departamento de por ahí, su novio se termina una caja de cereales del capitán Cornflake o algo así, mira la tele y juguetea aburrido con sus pantuflas de conejo, pensando en las muchísimas ganas que tiene de comer fideos... mmm... fideos.

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viernes, 13 de marzo de 2009

La clase

Roberto explicaba diseño periodístico frente a una clase honestamente desinteresada en su materia.
Una gota de sudor recorría su frente cada vez que comprobaba que sus más elaboradas explicaciones y metáforas didácticas no surtían ningún efecto sobre su clase:
-Una pareja allá al fondo se apachurraba entre suculentas besuqueadas.
-Una tía robusta de las primeras filas leía La Vanguardia sin más reparos.
-Y por si fuera poco, carpetas más acá, un grupo de más o menos 5 o 7 alumnos emprendían una misión virtual en mundo de Warcraft, pasando olímpicamente de la clase.

Era así todas las semanas. Cada viernes de 8-9 Roberto le explicaba su clase a la pared. Exponía acerca de la importancia de los elementos de la página, los tamaños y márgenes, parloteaba sobre las zonas donde más se suele posar la vista en una portada de diario y etc.… “condenados mocosos…”.

Un día Roberto llegó con un revólver escondido en los pantalones, cerró el salón con llave y le pegó un tiro a todo el mundo. "Ay, qué alivio", dijo.

“…cuán útil es la literatura para cuando no puedes matarlos en la vida real.”

Roberto, el profesor matón.


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jueves, 8 de enero de 2009

cri, cri

Soy un músico nocturno, pero sin tejado ¿a dónde podré irme de noche cuando quiera tocar la flauta?...o la guitarra.

Me gustaría insonorizar mi cuarto.


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